Habría que recordarle a los empleados de Esperanto que los vecinos no habilitamos ni clausuramos boliches, sólo hicimos uso de la opción de oposición que a tal fin nos envió la Municipalidad de Rosario. Que además no somos dos o tres locos caprichosos, hay 257 firmas (cada una corresponde a un departamento o casa, es decir unas mil personas) que avalan el registro de oposición. Que también sean sinceros y no mientan, la gente no se levanta espontáneamente y va a bailar. Este mismo argumento lo escuché decir por TV al señor Hernán Capucci. Que ellos son violentos y agresivos e incitan a la violencia con los cánticos y manifestaciones del viernes y lunes pasado por la noche, que no responderemos de la misma manera ya que sólo actuamos dentro de la ley. Que de ninguna manera somos responsables de la pérdida de trabajo de ellos. En todo caso lo será su patrón, que infringe las normas. Debieran saber que el que compra la licencia de Esperanto no compra la licencia de un restaurante sino de una disco. Sus declaraciones son ofensivas contra todos los vecinos, basta escuchar a la RR PP, que dice: "Los estruendos de anoche fueron para demostrar lo que es realmente ruido, la insonorización del local es excelente". Esta declaración se contradice con la inversión que va a hacer el dueño y denota una perversión en la motivación de las movilizaciones. En mi domicilio se hicieron mediciones, como en otros: un representante municipal dejó un decibelímetro sobre la cama de mi dormitorio, previa aclaración que hasta 50 decibeles estaba permitido, y el aparato marcó 49,8. Los vecinos trajimos un experto de la UNR, que apoyó el decibelímetro sobre un trípode orientado hacia la ventana de mi dormitorio y marcó 53,4. Veremos cuál es real. El accionar de la gente desocupada, que lamento y a la que deseo suerte en su vida laboral, dista mucho de ser el apropiado. De las 257 firmas, hoy deben sumar más. He sido testigo de padres angustiados por el llanto de sus bebés que de buena manera fueron a pedir que cesaran con las bombas que eran disparadas por morteros ubicados en la playa de estacionamiento del boliche. También escuché que estos chicos, los empleados, que fueron al Sindicato de Gastronómicos, (¿ya son afiliados?). ¿El sindicato avala este proceder de sus afiliados, o son manipulados por una mente enferma que les provee bombas? ¿Es ésta la seguridad que el propietario dijo traería a la zona? ¿Esto es Esperanto? ¿No pensaron en el daño que pudo producirse? Sólo la Municipalidad habilita y clausura, el error viene de inicio al habilitar un restaurante con amenización musical que no es tal. Si buscan diálogo, está claro que ésta no es la manera, se han ganado el repudio de toda la vecindad y no sólo a 50 metros a la redonda. Si son empleados en blanco reclamen su salario a quien los contrató, si se oponen a la clausura diríjanse a la Municipalidad, no torturando a gente que hace años vive pacíficamente en esta zona y a lo único que aspira es a vivir en paz.































