"Cuando el pescado tiene mucho tiempo, despide un olor nauseabundo". Sería conveniente que el vicepresidente, Amado Boudou, lo tuviera en cuenta antes de aventurarse y proclamar que, "no debe esperarse para otra reforma de la Constitución". Es inverosímil pensar que tal reforma sería beneficiosa para el pueblo de la República Argentina. Es tanto el desparpajo y la "confianza" adquirida ante la pasividad del ciudadano común que nada ni nadie puede revertir sus ansias de seguir trepando. No económicamente, al país ya lo vaciaron, sino a la cúspide del "poder, vanidad y gloria eterna" como los Césares. Mientras esto ocurre en la dimensión desconocida aumenta diariamente la muerte de ciudadanos inocentes en manos de delincuentes inimputables. ¿No debería el vicepresidente abocarse a cambiar algunas leyes tendientes a hacer justicia? ¿O no interesa la muerte ajena? Son las prioridades de un pueblo indefenso.




































