El pasado 17 de febrero, se publicó en La Capital una nota bajo el título "La GUM clausuró comercios", donde se señalaba la falta de inscripción de una pretendida actividad de desarmadero y del registro correspondiente a esa también actividad. Se clausuraba bajo las órdenes de Mariano Savia el llamado desarmadero (pretendido comercio, valga la redundancia), ubicado en J. B. Justo 2212 de Rosario. En dicha notificación fui caracterizado —según los dichos de la GUM— como una persona muy reticente, agresiva y con una negativa a presentar todo tipo de identificación. Nada más absurdo. En primer lugar, lo que clausuró la GUM fue mi domicilio debido a que ninguna actividad comercial ejerzo respecto de los elementos que se encuentran acumulados en número ilimitado en mi vivienda de origen familiar. Dicho lo expuesto, ninguna clausura puede tener andamiaje jurídico debido a que no puede impedirse que desarrolle mi vida normal, como cualquier ciudadano de mi patria en mi residencia de origen familiar. En segundo lugar, al momento de la inspección, quien suscribe no se encontraba presente, sin saber a qué personaje se estuvo refiriendo la GUM cuando creyó haberme visto. Es por ello, que en una función tan delicada como la que tienen estos muchachos, deben ser muy cuidadosos con sus actos al momento de imponer medidas tan drásticas como irrealizables.































