La gran patria latinoamericana, exuda, con sus venas abiertas, las conflictividades que por incapacidad tanto de su clase dirigente, como de su corpus social, no logran desatar el nudo gordiano de la relación con las drogas ilícitas, o mejor dicho de su propia relación con lo ilícito o con lo normativo. Tanto en México, como en Argentina, por diferencia de horas, fueron recapturados en operativos cinematográficos, evadidos de la ley (que paradojalmente, tenían en sus negocios o en sus antecedentes un estrecho vínculo comercial, al menos de bandas de ambos países, con el tráfico de la efedrina) que demostraron en sus tiempos de prófugos que contaron y cuentan, con apoyo del poder político o de cierto poder político, que en mucho de los casos, actúo, ¿actúa?, atendiendo ambos lados del mostrador. En el perdido pueblo santafesino, donde los pistoleros del conurbano bonaerense fueron atrapados, cayeron más por fatalidades del destino, que por el operativo desplegado por las fuerzas de seguridad y el acompañamiento mediático que nos vino aturdiendo por casi dos semanas.




































