Internándose en la zona de las islas entrerrianas existe un paraje llamado Las Cuatro Bocas. Si algún lector tuvo la oportunidad de conocer este paraíso natural sabe de qué estoy hablando. Hace unos años, curiosamente, cuando el humo de las quemas llegó a todos los rincones de la ciudad de Rosario, una empresa de capitales holandeses propietaria de la isla Irupé, decidió arrasar 10 mil hectáreas de estas tierras, levantando terraplenes de varios kilómetros, cortando arroyos que se forman durante las crecientes con la finalidad de secar lagunas internas y poder devastar todas estas hectáreas. Según denuncias de algunas ONGs ya se han sembrado diferentes oleaginosas donde antes reinaba el ceibo y el timbó, entre otros. Esta empresa sólo tienen posibilidad de hacer estos "ecocidios" en países poco desarrollados, con pocas leyes ambientales y gobiernos donde funcionarios multiplican sus fortunas y reducen sus valores. Los recursos naturales son un patrimonio de todos, ¿qué herencia le dejaremos a las generaciones por venir? Dejemos de mirar las pasteras del vecino y miremos lo que permitimos hacer en nuestro patio antes que sea tarde. No dejemos que los poderosos intereses que hay sobre estos humedales nos confundan sobre el destino de estas islas. Decía José Hernández: "Si entre hermanos se pelean los devoran los de afuera".


































