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"Si rompiéramos con Binner por votar a Capriles seríamos una secta trotskista"

Entrevista | Claudio Lozano. El diputado nacional por Capital Federal de Unión Popular, una de las cinco fuerzas que integran el FAP, dijo que "Argentina, que no invirtió en replantear su patrón productivo, vuelve a un ajuste con devaluación".

Lunes 15 de Abril de 2013

Claudio Lozano | Bío | Diputado nacional por Capital Federal de Unión Popular, una de las cinco fuerzas que integran el FAP. Economista de la CTA. Ingresó al Congreso en 2003 aliado a Aníbal Ibarra y el kirchnerismo. Renovó su banca en 2007 junto a Proyecto Sur. Repitió en 2011, pero detrás del liderazgo de Hermes Binner, tras alejarse de Pino Solanas

El diputado nacional Claudio Lozano (Unidad Popular-Frente Amplio Progresista) está convencido de que "hay un cuestionamiento creciente al gobierno que involucra a trabajadores y sectores medios", basado en que "desde 2007 para acá Argentina se viene estancando socialmente". El legislador, que fue distinguido por el partido GEN local con el premio "Regino Maders", confía en que el FAP y el liderazgo de Hermes Binner son "herramientas formidables para un contexto como el actual". Respecto del ex candidato presidencial, a Lozano, que asistió al funeral de Hugo Chávez, no le preocupa que el socialista haya afirmado que votaría por Henrique Capriles en Venezuela: "Es una diferencia de criterio. Si rompiéramos por eso, seríamos una secta trotskysta", dijo.

—¿Aún no está definido el armado electoral del FAP porteño?

—Estamos muy contentos de haber logrado crear una experiencia como el FAP (Frente Amplio Progresista) que tuviera además el desempeño electoral de 2011. Es una herramienta formidable para un contexto como el de fin de 2012 donde hubo ya señales muy concretas de la población de fijar un basta frente a lo que ocurre. Lo del 8 de noviembre, más allá de lo variopinto de reivindicaciones, demostró que hay un descontento masivo en los sectores medios urbanos; y el paro nacional de 20 de noviembre, que hay problemas en la propia base electoral del gobierno nacional.

—¿Sumarán nuevas fuerzas?

—El FAP es la posibilidad de una propuesta de gobierno distinto y creemos que en 2013 hay que fortalecer eso. Los acuerdos tienen que guardar coherencia en esa discusión. A nivel nacional es un debate resuelto: el FAP está constituido por cinco fuerzas, y después en cada distrito habrá discusiones.

—¿Qué opina del acercamiento de Pino Solanas y Elisa Carrió?

—Pino forma parte naturalmente del espacio nuestro. Estuvo en la conferencia inaugural del FAP. Luego hubo cuestiones que son diferencias conyunturales electorales. El problema aparece cuando él decide el acuerdo con Carrió, que es algo que desentona en el marco de esta construcción política. Sabrá él lo que tiene que hacer. Pero en Capital, un acuerdo del FAP y Proyecto Sur permitiría disputar la ciudad. Meter ruido en la construcción de esa propuesta lo que hace es causar una fractura cuya consecuencia es regalarle a Macri seguir hegemonizando el distrito, así como al kirchnerismo la posibilidad de quedarse con el tercer senador.

—En Santa Fe, la UCR integra el Frente Progresista, ¿ese esquema podría emularse en un marco nacional?

—Acá hay un frente que gobierna la provincia, donde hay siete fuerzas. A nivel nacional, no hubo ningún planteo ni de la Coalición Cívica ni de la UCR ni de ningún otro de sumarse al FAP como una sexta fuerza. Ellos plantean que el FAP vaya a otro acuerdo para la conformación de otro frente con la UCR o la CC. Eso no tiene nada que ver con la construcción en Santa Fe. Lo que pasa es que a veces se reclama a la fuerza que ha tenido más legitimidad que actúe como pulmotor de estructuras más débiles.

—Hace poco en Santa Fe, usted dijo que aquí el socialismo gobierna y el radicalismo acompaña.

—Casualmente por eso lo explico tan bien ahora. Bonfatti fue a elecciones internas con el radicalismo y ganó. En ese sentido lo dije. Nosotros somos frentistas. En 2011 cuando creamos el FAP, la UCR decidió no ser parte y acordó con (Francisco) De Narváez.

—Usted viajó al funeral de Hugo Chávez. ¿Cómo cayó dentro del FAP la afirmación de Binner de que él habría votado a Capriles?

—Tenemos una visión distinta de la que públicamente planteó Hermes. Pero transformar eso en una cuestión de ruptura sería actuar casi como una secta trotskysta donde terminamos discutiendo por los problemas en Venezuela y no por la Argentina. Es más no hubo ningún debate en el FAP sobre qué hacíamos en Venezuela. Pero sí hay una posición muy clara respecto a la integración regional y el papel central que cumple Venezuela en términos de la paz regional. Sobre eso no hay discusión.

—¿No mete ruido?

—Es una diferencia de criterio.

—Como economista, ¿cómo ve tres aspectos como dólar, inflación y fondos buitre?

—En el caso de los fondos buitre lo que se refleja es el fracaso de un cuento del gobierno de que había resuelto el problema de la deuda. El gobierno ha sido de los mejores pagadores de la historia, y a pesar de eso estamos enjuiciados, andamos clandestinos por el mundo y seguimos teniendo el mismo monto de deuda que a finales de los 90. Es el resultado de no haber auditado la deuda, de seguir emitiendo bonos permitiendo que nos juzguen afuera, de tener como agente de pago al banco de Nueva York, y de tener un estudio de abogados que es el mismo que en los 90. Ya pasó esa recomposición de la actividad económica en medio de una determinada situación mundial y viniendo de la situación que tenía la Argentina. Hoy aparece la deuda, el dólar paralelo, la puja distributiva con inflación, los problemas de la inversión. Volvemos a discutir lo mismo y del peor modo, porque lo hacemos en el marco de la desarticulación progresiva de la política económica, que desde 2007 ha ido desapareciendo y lo único que hay son parches. Y con un problema más, en un contexto social que es más grave que nunca. La Argentina se recompuso desde 2002 en el marco de un horizonte de crecimiento y desde 2007 para acá se viene estancando socialmente. Es un cuadro de conflictividad social creciente que vemos hoy.

—¿No es un poco apocalíptica esa descripción?

—El gobierno termina un 2012 complicado. Hay un cuestionamiento que involucra a trabajadores, sectores medios.

—¿Y el dólar y la inflación?

—El esquema económico del país empieza a desarmarse porque hubo una tasa de crecimiento china, sin inversión china. Además, la tasa de inversión es muy mala: cinco de cada diez dólares se ponen en ladrillos. El gobierno en ningún momento logró una regulación pública que permita discutir adónde va la guita. Esto es lo que termina destartalando el sistema de precios, el problema de fondo es la inversión. Es difícil que la gente no vaya al dólar, con una tasa de interés que está por debajo del aumento del dólar. En la práctica están devaluando. Argentina, que no invirtió para replantear su patrón productivo, vuelve a un ajuste con devaluación.

—¿Cree entonces que no habría que devaluar?

—Si tuviera que decir tres medidas inmediatas: tendría que desdoblar el mercado cambiario y centralizar la oferta de divisas, ubicar la tasa de interés en línea con los precios y dar créditos dirigidos a orientar la producción.

—El desdoblamiento cambiario no ha dejado buenos recuerdos.

—Es una herramienta, pero en este contexto nada sirve, debe haber una estrategia integral. Argentina debiera tener tipos de cambio distintos porque hay sectores de distinta productividad. Al gobierno nunca le preocupó tener control sobre la oferta de divisas y el dólar es el principal precio de la Argentina.

—¿Qué actitud va a tomar ante los proyectos de reforma judicial?

—El tema de fondo es el del Consejo de la Magistratura. Para democratizar el Poder Judicial hay que encontrar los mecanismos para que la sociedad pueda informarse, organizarse y decidir sobre el Poder Judicial. Si voy a meter la discusión en el marco del debate político electoral, que es lo que se hace al meterlo en las elecciones primarias, lo que se hace es subsumir la discusión sobre el Poder Judicial en la discusión política electoral. Acá lo que se hace es partidizar, no democratizarla. Nosotros no tendríamos problemas en que haya incluso el uso del voto, pero por fuera de la cuestión electoral en general. Y respecto a las cautelares, una cosa es discutir que no puede haber cautelares eternas y otra es quitarle a muchas organizaciones que representan intereses concretos tener una herramienta que le permite frenar cuando el Estado avanza complicándoles la vida: el fenómeno ambiental puede quedar diezmado porque hubo muchos amparos para evitar que terminen desguazando el ambiente.

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