Llegó el sábado y yo estaba con todas las ilusiones de alguien que quiere divertirse y darse una oportunidad. Fui al bailable El Palacio, de Cafferata al 400, con una amiga. Ella ingresó, pero para mi sorpresa dos hombres de seguridad del local me bloquearon la entrada. "Usted no puede ingresar", me dijeron. Pregunté el motivo y ellos argumentaron que no se permitía el ingreso con sandalias ya que alguien podía pisarme y yo demandar al boliche. Quedé en estado de shock y sólo atiné a preguntar si también en el verano, con 40 grados, hay que ir en botas a bailar, a lo que me respondieron que sólo respondían a las directivas de los dueños. Fue una excusa banal para no decir lo que realmente sucedía ya que el impedimento para entrar era mi sobrepeso. Es difícil describir en palabras el dolor, la desazón, la impotencia que siento. Es horrible. Por eso, para que no suceda nunca más, es que me atreví a contarlo en estas líneas. Hay que erradicar a estos seres siniestros que discriminan, sin medir su crueldad y el dolor que provocan. Por una sociedad más justa y menos vergonzosa, sólo a eso aspiro.

































