Juguemos en el bosque mientras el lobo no está. Esa parece ser la figura que hoy permite a la casi totalidad del Frente Progresista santafesino estirarse como un chicle, dividir candidaturas en el socialismo, jugar al internismo en la UCR y hasta crear sub-bloques en la Legislatura. Todo es posible hoy en el campo del oficialismo porque el Partido Justicialista (el lobo ausente) se despedaza como nunca antes.
La pelea entre Hermes Binner y Rubén Giustiniani no muestra por ahora ningún signo que permita ver una luz al final del túnel. Por el contrario, desde la Gobernación prefieren fijar la mirada en la futura interna con la Unión Cívica Radical y siguen creyendo que cuando el 2011 deje caer su amanecer el sector interno del Partido Socialista que comanda Giustiniani abdicará en su pretensión de disputar el poder.
"Hermes está dispuesto a jugar solo por (Antonio) Bonfatti. Además, si hay que sentarse a negociar vamos con nuestra posición de máxima", repiquetean cerca del mandatario. Quedó demostrado en las últimas declaraciones de Binner que no hay plan de lluvia por si Bonfatti no remonta en las encuestas.
El gran elector. Es más, el argumento que se vocea puertas adentro de la Casa Gris refiere como ejemplo empírico al propio Giustiniani: "Ellos (por el giustinianismo) no dicen que cuando empezó la campaña del 2009, (Carlos) Reutemann tenía 37 por ciento de intención de voto y Rubén sólo el 8 por ciento. Lo levantó Hermes. Y con Bonfatti va a pasar lo mismo". El partido cree que es ahora o nunca y muestra tener con qué: anoche, Rubén Giustiniani encabezó un multitudinario acto que dejó ver a la militancia tonificada con el deseo de ir a internas.
El oficialismo socialista ya comenzó a operar sobre los tejidos del radicalismo para lograr cierta base territorial que carece desde lo formal. Las más de 100 intendencias radicales establecidas a lo largo y a lo ancho de la bota constituyen la luz roja. La aparición de la boleta única (una ley necesaria y superadora en materia de calidad institucional) le permitiría en las internas abiertas a Bonfatti suavizar el poder de la tracción municipal.
Pero, más allá de esos argumentos teóricos, la imperecedera vocación ucerreísta por el internismo comenzó a sacar a la ruta algo que se había adelantado en esta columna desde hace mucho tiempo: la ambulancia binnerista para recoger heridos. El primero que se subió al sistema de emergencias fue el intendente de Santo Tomé, Palo Oliver, quien criticó al precandidato Mario Barletta y admitió sin ambages su intención de inclinar su voluntad hacia Bonfatti.
Calma radicales. Por estas horas, el histórico de mil batallas Luis Cáceres sostiene que al final del camino Barletta preferirá quedarse en la Municipalidad de Santa Fe y repasa un historial de maniobras internas entre el Grupo Universidad y el resto de las coloraturas radicales.
La inédita división del PS le muestra a la UCR una oportunidad histórica (que dudosamente se repita en el tiempo) para dejar de ser cola de ratón en su histórica alianza con los socialistas. Pero, a veces parece que ni los propios referentes territoriales de boina blanca se lo creen.
Con inteligencia, Binner los ha puesto entre la espada y la pared al redoblar la apuesta por la vigencia de la boleta única, pretendiendo que comience a regir desde las primarias. La propuesta del gobernador es impecable: el nuevo sistema simplifica el ejercicio de votar y da por tierra con peligrosos vicios y estratagemas linkeados más de una vez con el escándalo.
Impugnar a la boleta única por el tamaño (como lo hace el kirchnerismo) parece una frivolidad: 5 boletas en un cuarto oscuro, por más gigantes que fueren, resultan más atractivas desde lo estético que una sopa de letras en más de 100 papeletas distintas.
La verdadera razón de ser de las objeciones radicales y kirchneristas tiene que ver con la necesidad de llevar enganchados en esas boletas los nombres de intendentes con poder de tracción. Aparato, que le dicen.
Boleta única. El gobernador Binner deberá garantizar que su veto al artículo 19 sirva para mejorar el proyecto (elaborado por el diputado provincial del ARI Pablo Javkin al que los senadores del bloque conducido por Ricardo Spinozzi le dieron luz verde) y no para constituirse en una barrera que impida ponerlo en práctica incluso en las generales del 24 de julio.
Los beneficios de la boleta única fueron muy mal transmitidos a la sociedad por parte de sus defensores. Los peronistas que la avalan se muestran más culposos por las críticas en la interna ombliguista que orgullosos por el contenido. Aunque parezca un oximoron, también es estridente el silencio de algunos candidatos justicialistas que tribunean haciendo mención a “la nueva política” y “las nuevas caras”. Temen perder el apoyo de caciques sindicales o lógicas de aparato.
La piedra y el zapato. En ese mar de contradicciones surfea el peronismo santafesino que, por primera vez, parece privilegiar discursivamente “la diferencia de los proyectos” al acceso al poder. El kirchnerismo clavó la cuestión de la boleta única como un nueva piedra en el zapato a la hora de marchar a una interna contra reutemistas y obeidistas.
El repentino apego por el juego de las diferencias, pone al peronismo cada vez más lejos del poder en la Gobernación santafesina y en la Municipalidad de Rosario. Por eso socialistas y radicales ensayan otro paso lúdico atrevido. Y juegan en el bosque mientras el lobo no está.