He leído, en el suplemento de Cultura de un diario porteño, del pasado 10 de octubre, una reseña sobre el proyecto del Puerto de la Música, concebido por el afamado arquitecto brasileño Oscar Niemeyer. Proyecto de asombrosa belleza. Como rosarino nativo, ciudad que amo a la distancia y de la cual estoy ausente desde hace muchos años, aunque la visito a menudo, no pude menos que sentir una visceral alegría. En lo racional, no puedo menos que valorar la tendencia de Rosario de encaminarse hacia la excelencia. Desde hace años me pregunto por qué Rosario no es sede de competencias internaciones de remo. Tiene el río, el río que es un don de la naturaleza. Tiene una muy buena cantidad de clubes de remo; algunos de prestigio internacional, lo mismo que, desde antaño, sus remeros. Tiene infraestructura y atractivos propios y aledaños para conformar un buen paquete turístico y cultural. Hoy, que el mundo clama por actividades no contaminantes, la ciudad y su río podrían enarbolar una nueva bandera en los certámenes de sanas competencias deportivas. Qué interesante es, entonces, pensar –y esta es una propuesta concreta– incorporar a Rosario como sede internacional de competencias de remo, en sus distintas categorías. Interesarse en ello y resolverlo está en manos de las autoridades comunales y de las instituciones deportivas específicas.


































