Recorrer el centro y el macrocentro de Rosario como peatón es realmente una tarea insalubre y peligrosa. Las veredas están destruidas y con interminables deposiciones caninas. Pasar por las obras en construcción es una invitación a la aventura porque caen cascotes, hierros, maderas, etcétera. La semana pasada, como informó La Capital, un motociclista gracias al uso del casco salvó su vida de milagro cuando a una máquina se le soltó una viga que impactó en su cabeza en una obra enfrente de una escuela y de casualidad ningún niño pasaba por el lugar. Además los que viajan en vehículos parecen malditos, furiosos y enajenados. Para ciclistas, motociclistas y automovilistas los peatones no existen y les tiran sus rodados encima casi siempre. La senda peatonal es para ellos meramente decorativa. Rosario es tierra de nadie. Nadie controla nada. Cualquiera estaciona en las veredas y para no caminar ni un metro no introducen sus vehículos dentro de los comercios que visitan porque no pasan por la puerta. Como nadie controla nada y hasta los que están de fiesta porque se van a Bariloche cortan calles, Rosario vive una total anarquía. Para finalizar es imperioso y urgente que algún funcionario municipal o algunos de los concejales que trabajan de verdad traten de buscar la forma de ordenar estas anomalías y también revisar periódicamente las obras y los precarios parantes que a veces atajan y otras muchas no las cosas que caen de las nuevas construcciones para evitar nuevos accidentes. Espero que lo tengan en cuenta y que hagan algo urgente porque así en el abismo no se puede vivir.


































