Las zonas turísticas cuentan con atracciones naturales o trabajadas para disfrute del gran público: mar con playas, sierras, cordilleras, cataratas, aguas termales, bosques autóctonos. Existen zonas aptas para que el turista practique deportes: escalamiento, esquí, pesca, equitación, náutica. Lamentablemente ninguna de estas bendiciones se impartió en Rosario. Esta ciudad nació y se desarrolló gracias al esfuerzo humano, la industria, el comercio, el negocio agropecuario, las vías marítimas. Ahora escucho con frecuencia planes y proyectos para posicionar la ciudad como sitio turístico. Nunca dirás "no" pero hasta donde yo sé no contamos con atracciones naturales ni trabajadas, infraestructura adecuada ni dinero propio o ajeno. El municipio está casi en default a juzgar por la realidad, la provincia junta moneditas para pagar deudas, el poder central no ayuda a provincias de signo político disidente. Sería totalmente soporífero reiterar los graves problemas urbanos, las obras públicas paralizadas, el temor ante la inseguridad reinante. En estos días se publican notas estremecedoras sobre homicidios, narcotráfico, terror en barrios humildes, juventud marginal, ausencia de la autoridad. Esta vez ruego a quienes nos conducen que se aboquen íntegramente a solucionar este flagelo imparable y en ascenso. Leer que gran parte de la población periférica tiene agua de 3 a 6, que la policía finaliza su tarea a las 14, que los distribuidores de droga están proveyendo alimentos en las escuelas para captar soldaditos, que los militantes sociales se ven obligados a hablar con el "influyente" para que los robos desciendan, que los jóvenes de 14 años están ansiosos por pertenecer a la narcobanda para darse importancia, tener una pistola y no tienen ningún interés en concurrir a la escuela, me recuerda la Cosa Nostra americana. Nos faltan los Elliot Ness y por ahora no veo ninguno.






























