La escuela es obligatoria por ley. Pero sólo un necio puede negar que la ley se va de choque con la realidad. Miles, cientos, ¿cuántos son los chicos que no están en las escuelas y están en las esquinas, en "el campito", cazando palomas, en las avenidas, pidiendo o delinquiendo? La pobreza, la marginalidad extrema está tan expandida que se hace difícil cuantificarla. En los niveles de gobierno no se ve ningún gesto por precisar y mucho menos intervenir para modificar la realidad de los chicos privados de infancia. En el inicio del ciclo lectivo, hubo sí una decisión de gobierno: reubicó cargos docentes considerados sobrantes por "baja matrícula", provenientes precisamente de las zonas más pobres (Villa Banana, barrios Fonavi de Grandoli), en escuelas de otras características sociales: escuela Carrasco, Arzeno, Sarmiento. Toda una definición política. ¿Es que nacen más chicos de sectores medios que chicos pobres? ¿Es que los chicos más pobres han dejado de crecer? No, claro que no. Lo que evidentemente pasa es que los chicos más pobres han quedado fuera de la ley, fuera de las preocupaciones del Estado. Por eso no hay intervención estatal en todo aquello que llevaría a garantizar esta obligación, que es el derecho de los chicos a la escolaridad: no hay trabajo estable para los adultos, no hay asistentes sociales recorriendo los barrios para intervenir en la deserción, en el maltrato, en el abandono, no hay suficientes centros de salud apuntalando la vida. Desde el Ministerio de Educación pueden aducir que su decisión de reubicar los cargos es porque en el sistema hay grupos de 49 o 50 alumnos frente otros de "baja matrícula". Nosotros decimos que el hacinamiento va en contra de la educación personalizada, y que garantizar una óptima relación entre docentes a cargo y matrícula, también es una responsabilidad de gobierno. Y también decimos que la política de los números que inocultablemente remiten a presupuesto, no responde al problema de fondo: frente a la tarea de atraer y retener a los chicos en las escuelas los docentes estamos solos. La única intervención del Ministerio fue, durante dos años, fue observar el cargo por baja matrícula y ahora "reubicarlo" allí donde los niños pueden seguir yendo a la escuela. ¿Qué distracción para un gobierno socialista? Los docentes solos no podemos modificar la situación de "la baja matrícula" porque la "baja matrícula" no es el problema sino que es apenas la cara visible de la crisis social. Una crisis social que como trabajadores también padecemos. Repudiamos la actitud autoritaria del Ministerio de Educación en la reubicación de estos cargos y exigimos una verdadera política de inclusión social que le reconozca a los chicos, a todos los chicos sean del sector social que sean, sus derechos.



































