Al menos cuatro personas murieron y seis resultaron heridas ayer después de que un hombre disparara desde un balcón hacia la calle en Nápoles, informaron medios locales.

Al menos cuatro personas murieron y seis resultaron heridas ayer después de que un hombre disparara desde un balcón hacia la calle en Nápoles, informaron medios locales.
El hombre, identificado por la policía como Giulio Murolo, de 48 años, mató primero a su hermano y a su cuñada, luego se atrincheró en su vivienda y se puso a disparar desde el balcón a los transeúntes y a la policía.
Además, amenazó con hacer volar la vivienda.
El hombre, que es enfermero, utilizó una escopeta que tenía en su poder porque era aficionado a la caza, y una pistola.
La policía cerró la calle, ubicada en Secondigliano, un barrio humilde de Nápoles. Al parecer, el autor del hecho se entregó.
El alcalde de Nápoles calificó el hecho como “una terrible tragedia” y canceló la ceremonia de inauguración de una línea de metro con el primer ministro italiano que estaba planeada para hoy.
Más tarde se supo que el agresor, que se desempeña como enfermero en el servicio de cirugía torácica del hospital Cardarelli, había disparado en su casa y luego desde un balcón del primer piso de la vía Capodimonte, en el barrio de Secondigliano.
La primera víctima del raid criminal, según precisó el jefe de la policía de Palermo, Guido Marino, fue la hermana del agresor, Concetta Uliano, de 51 años, y luego ultimó a su hermano, Luigi Murolo, 52 años, en un edificio de dos plantas de la vía Miano. Desde allí, el enfermero se trasladó al balcón y comenzó a tirar “a cualquier cosa que se movía”, dijo Marino.
En medio del tiroteo fueron ultimados el teniente de la policía municipal Francisco Bruner, de 60 años, vecino del enfermero, y un florista, Luigi Canton, de 59 años, que conducía una moto.
Entre los seis heridos, el más grave es un oficial de la policía municipal que estaba tratando de detener el tránsito para proteger a los transeúntes y recibió un disparo en la garganta.
El homicida Murolo, soltero, es un aficionado a la caza. El hombre se entregó a la policía después de una larga conversación con el operador del 113, al que él había llamado en medio del ataque, que durço una hora y media. “Yo soy el que está haciendo una matanza en Miano”, dijo al policía. El agente trató de mantenerlo en el teléfono y al cabo de 40 minutos, el policía lo convenció de que bajara su escopeta de caza y se rindiera. Las negociaciones fueron tensas y plagadas de amenazas; el agresor dijo que haría estallar algunos cilindros de gas de la casa. Finalmente, abrió la puerta y se entregó a la policía.
Desarmado y esposado Murolo fue conducido a un móvil policial que fue rodeado por los vecinos, quienes querían hacer justicia por mano propia. En esas instancias, el homicida dijo “hice una macana. Estoy jodido”.
El motivo de la masacre sería una pelea por una bobina de hilo de lino, pero en realidad los homicidios estuvieron precedidos por años de encono entre Murolo y su hermano.
Luigi Mele, dueño de una tienda de ortopedia, dijo que al momento del ataque sintió “una secuencia de estampidos”. “Fue a las 15.15 cuando escuchamos las detonaciones. Muchas, al menos quince. Al principio pensé que sería parte del rodaje de una serie, porque ayer (por el jueves) a unas pocas docenas de metros de los disparos se filmó un episodio de «Gomorra». Entonces vi a un chico que montaba un scooter tendido en el suelo, y un hombre armado con una pistola que entraba y salía desde el balcón de donde se hacían los disparos”.
El ataque criminal hizo cancelar la ceremonia de inauguración de la estación del metro de Nápoles, prevista para hoy con la asistencia del primer ministro Matteo Renzi. El alcalde de Nápoles, Luigi de Magistris, ha declarado un día de luto. “Estamos consternados, es una enorme tragedia”, dijo. “Es una tragedia que afecta directamente a la ciudad. Estamos siguiendo el curso de los acontecimientos y no nos queda más que expresar nuestra cercanía y solidaridad con los familiares de las víctimas”, agregó.


