Mi impotencia y bronca me inspiran a escribir esta carta. Soy inmigrante de un país hermano, hace más de treinta años vivo aquí y trabajo. Tengo hijos y nietos argentinos. Para algunos fuimos y seremos la mano de obra barata. Aquí, en Europa y en otros lugares, los inmigrantes somos tratados con diferencias: a algunos se los trata como "ilegales", a otros se nos dificulta deliberadamente el reconocimiento de derechos esenciales. En mi caso, luego de darle al país treinta años de trabajo, hijos y contribuciones fiscales, me niegan una miserable jubilación de cuatro pesos, basándose en que en 1984 el ex presidente Ricardo Alfonsín nos documentó como merecíamos, pero al haber sido hecho en esa fecha me restaron años de residencia. ¿Me faltan años de residencia teniendo un hijo con más de treinta años y dos hijos argentinos? Me parece injusto. Los inmigrantes venimos a trabajar de lo que sea, sin elegir y ayudamos al país con nuestra fuerza laboral. Tengo casi 65 años y trabajo 12 horas diarias todavía. Creo que tengo derecho a recibir lo que pido.


























