En 1982 por razones de política interna argentina, Leopoldo Galtieri ocupó las islas Malvinas y por razones de política interna inglesa Margaret Thatcher envió una flota de guerra para reconquistarlas. En 2012 nos encontramos con un primer ministro inglés con serias dificultades en su país y una presidenta argentina que pone en práctica un duro ajuste económico de un perfil netamente ubicado en la ortodoxia liberal. A ambos gobernantes les resulta útil fabricar una cortina de humo para disimular situaciones domésticas desagradables. Tanto a Cristina de Kirchner como a David Cameron les conviene explotar los sentimientos patrióticos de sus respectivos pueblos y eso es lo que están haciendo. Si realmente queremos recuperar las islas el gobierno nacional debe confiscar todas las propiedades británicas en nuestro país y devolverlas solamente si los ingleses reconocen la soberanía argentina sobre el archipiélago. Si no se hace eso, todo el resto son fuegos artificiales para distraer y/o embaucar a la "gilada".


































