En el programa “Despacio escuela” irradiado el sábado 4 de enero pasado, uno de sus conductores opinó sobre propuestas realizadas por la clase política. Entre ella, algunas proponían la creación de escuelas, provisión de agua potable para los pueblos originarios y eliminación de los cortes de electricidad. Entre otras cuestiones que ofrece la actualidad nacional, son poco atractivas y nada convocantes, porque parecen más propias del siglo XIX que del presente. Creo que la gente tampoco se entusiasmó mucho que digamos con las promesas emanadas de los candidatos en las últimas elecciones, y concurrió a las urnas más por un deber cívico que por la esperanza en que la Argentina pase a ocupar por fin los primeros lugares en la consideración de las naciones, mediante decisiones acertadas y una inteligente y firme política de Estado. Por otra parte, me parece que de no ser obligatorio el voto, dada la apatía que años de malos resultados gubernativos supieron conseguir, las autoridades de las mesas electorales se aburrirían tanto los domingos, cuando estuvieran afectados a los comicios, que tendrían que jugar a las cartas para que no se les hiciera tan tediosa la espera hasta las 18, hora del cierre de la emisión de sufragios. En tanto, es verdad lo que manifestaba ese periodista en su programa radial, pero como expresaba otro de los conductores, no estamos en Suiza sino aquí, viviendo la realidad de nuestro querido país sudamericano, que justifica aquellas propuestas por los baches que son un clásico en el paisaje urbano de muchas ciudades, por una protección forestal poco respetada, los cortes de electricidad, la afligente y peligrosa pobreza, la famosa falta de presión del agua domiciliaria, los jubilados haciendo cola en las veredas, carreteras en malas condiciones y un sistema ferroviario deficitario; la crisis energética, la inseguridad, inflación, restricciones y una renuencia a tomar en serio la problemática ecológica. Cualquier gobierno que lograra solucionar esos y otros problemas, pasaría a la historia como el más capaz, honesto y progresista. Entonces, ya no habría que proponer la creación de escuelas, hospitales, además de otras soluciones para enfrentar tantos temas que hoy nos afectan.



































