El reconocimiento de un testigo fue la prueba clave que condujo al procesamiento
del único detenido por el homicidio del abogado Guillermo Feil, baleado en un pulmón en marzo
pasado cuando quiso retener a un ladrón que había asaltado un bar. El acusado irá a juicio por
graves delitos que prevén una pena de prisión perpetua.
Aunque al comienzo de la investigación la prueba en su
contra era débil, Carlos Miguel Fernández quedó más comprometido en el caso cuando un testigo del
homicidio lo señaló en una rueda judicial. El juez de Instrucción Osvaldo Barbero encontró
suficiente la evidencia reunida y lo procesó por tres delitos: robo calificado por uso de arma,
portación ilegal de arma de uso civil y homicidio calificado. Lo acusan de haber dado muerte a Feil
para garantizarse impunidad en el robo. Su defensor apeló.
El asalto fue el 25 de marzo en el bar Locos, de Sarmiento
y Deán Funes, en el barrio Tiro Suizo. A las 21.30 entró allí un joven que a punta de pistola se
llevó 500 pesos, un celular Motorola V6 y el frente de un estéreo. Se fue en bicicleta. Feil, de 27
años, en ese momento visitaba a su novia en una casa cercana y escuchó los gritos de la encargada y
una empleada del bar. Enseguida vio pasar por la calle al asaltante en bicicleta e intentó
atraparlo. Se arrojó sobre el muchacho y lo hizo caer. Pero el maleante se reincorporó, le disparó
al brazo derecho y huyó.
La bala ingresó al torso del abogado, le perforó un pulmón
y terminó alojándose cerca de una vértebra. Le realizaron una cirugía pero no pudieron extraerle el
proyectil. Una neumonía complicó el cuadro y a los catorce días murió.
Dos días antes había sido detenido Fernández, de 26 años, a
quien apodan "Tajo". En su casa de Paraguay al 3100 secuestraron una bicicleta similar a la que
describieron los testigos. "No tengo nada que ver con esto. Hace tiempo que no robo. Trabajo con mi
papá en albañilería. La bicicleta es de un peón de mi papá. La dejó en mi casa", dijo ante la
policía. En el juzgado se abstuvo de declarar.
No se comprobó si esa bicicleta era la usada por el ladrón.
Los testigos habían descripto una bicicleta de paseo de color oscuro, con canasto blanco y un
guardabarros. La secuestrada en la casa de Fernández no tenía guardabarros. Al principio hubo dudas
porque los principales testigos (la novia de Guillermo, las trabajadoras del bar y una vecina)
señalaron distintas fotos en un álbum policial.
Con el paso de los meses, la prueba decisiva fue aportada
por un hombre de 43 años que trabaja en la zona de Mitre al 3100. Según relató, el día del hecho
vio a un joven en bicicleta que merodeaba por la cuadra. A las 21.30, cuando salió de trabajar e
iba a tomar el colectivo, vio al mismo muchacho dispararle a otro y escapar en la bicicleta.
Este testigo señaló con contundencia a Fernández en una
rueda judicial. Para el juez esa fue una prueba determinante. A eso se sumó el reconocimiento
realizado por la novia del abogado, quien no lo señaló con certeza pero dijo que era parecido.
Luego de la medida dijo que había tardado en sindicarlo porque temía equivocarse. Pero aclaró que
al ver a Fernández recordó que el ladrón tenía "orejas salientes".
El juez no avaló el relato de dos mujeres que dijeron haber
estado con el detenido esa noche porque tuvieron contradicciones. También ordenó peritar la gorra
que se le cayó al maleante en la escena del crimen, pero no se halló material biológico suficiente
para un análisis de ADN.
La discusión. El crimen de Feil provocó una controversia institucional entre el
Colegio de Abogados de Rosario y el gobierno santafesino. En un acto en homenaje al profesional que
se hizo en Tribunales, el titular del colegio profesional, Arturo Araujo, realizó duros reproches
al Poder Judicial y sostuvo que "no sirve" denunciar los delitos porque impera "la impunidad". El
ministro de Seguridad provincial, Daniel Cuenca, salió al cruce y respondió que "el camino
institucional es el único para reclamar Justicia ante un delito".