Escuchaba con mucha atención la interpelación hecha en el Senado provincial al ministro de Seguridad. La defensa desde el oficialismo, al altruista político que ocupa dicho ministerio, para no dejar espacios y responder a las preguntas de la oposición como que en un partido de fútbol no había pasado nada. Patética situación si la miramos desde la ciudadanía preocupada por la inseguridad cotidiana con la que convivimos a diario. Algo que me quedó claro es que a ninguno se le ocurrió preguntar cuáles son los antecedentes profesionales del señor ministro para ocupar esa cartera, de tan alto voltaje por estos días ya que esto no es una problemática coyuntural, como cualquier político oficialista pretendería presentar, ya acostumbrados a esa "sensación". Esta situación de desprolijidad institucional deja al descubierto que el proceso político no tiene la capacidad operativa de trabajar contra la inseguridad, donde convive la droga, el robo, el asalto, el asesinato y la impunidad, ya que la Justicia misma parece estar viviente en su estatua con los ojos tapados. ¿Qué pensamos y qué hacemos los ciudadanos que vivimos en esta provincia? Años de aguante de corrupción policial, política e institucional, pero según los nuevos argumentos salen a depurar la policía corrupta, y qué se hace con aquellos que delinquieron en la fuerza. ¿Crean un semillero de delincuencia con conocimiento de mercado? Nada de esto como medidas suena enfático para tener conciencia de tener un programa con conocimientos de erradicar el delito. Mientras tanto, la sociedad toda lo sufre. Menos palabrerío y más efectividad a la hora de poner en efecto la Justicia Penal. Ya no hay ciudadano en esta provincia que crea en la "sensación" de inseguridad. Necesitamos sentirnos seguros, que nos cuiden y nos protejan. Y ya dejó de ser un derecho es una necesidad.
































