He leído el pasado jueves las dos cartas sobre Rosario (una a favor y otra crítica con la gestión) y no me cabe la menor duda de la existencia de cierto predominio de la subjetividad sobre la objetividad. Por supuesto que ambas cosas están juntas, ya que no existe la una sin la otra, como no existe el alma sin el cuerpo y viceversa, el cuerpo sin alma. ¿Se han preguntado, al ver los cortes de luz en la ciudad, cuáles fueron las inversiones que se hicieron en el pasado en esta empresa para que la misma funcione bien, con el crecimiento poblacional, durante los gobiernos anteriores? No alcanza para calificar a un gobernante como bueno o malo "la eficiencia", que solo permite dejar las cuentas en orden, a expensas de las faltas de inversión para adecuarlas al crecimiento de las ciudades. Todo lo que estoy diciendo, viene desde mi posición no partidocrática, no dogmática confesional, pero si profundamente religiosa y política. Ninguna de mis expresiones va dirigida a vituperar a un partido político o a alabar a otro. Una cosa es el partido y otro cada uno de sus miembros, ya que todos ellos, en su interior, al igual que los credos confesionales, tienen personas buenas y malas. Alabemos la salud de Rosario, de primerísimo orden en Sudamérica y en el mundo a nivel público en cuanto a emergencias. Penetremos en los causales de los déficits que se producen en la energía, agravados por el tremendo boom inmobiliario, que muy posiblemente se relacione con el monocultivo sojero, deteriorante de las tierras y gran consumidor del agua que escaseará a futuro. Veamos el futuro de nuestros jóvenes que vivirán tratando que los otólogos les arreglen el problema de las hipoacusias que vendrán por la música a altos decibeles, que modificarán desde afuera nuestros genes. En otras palabras, critiquemos lo malo de cada gobierno como personas libres al opinar y evitemos simbiosis incestuosa partidocrática o dogmática con gobiernos de cualquier signo, siempre y cuando, por supuesto, sirvan al crecimiento social e individual, en el marco de una verdadera libertad.



































