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Perpetua a un joven que mató a un carnicero para asegurar un robo

Un joven de 23 años fue condenado a prisión perpetua y otro de la misma edad a 15 años de cárcel por el crimen del carnicero Carlos Fabio. Fue en 2006 en Uriburu y Ayacucho. El comerciante persiguió al ladrón y éste le dio un escopetazo. Al cómplice le dieron 15 años. Hubo un testimonio clave y varios reconocimientos contra ambos.

Miércoles 01 de Abril de 2009

Un joven de 23 años fue condenado a prisión perpetua y otro de la misma edad a 15 años de cárcel por el crimen del carnicero Carlos Fabio, quien fue baleado de un escopetazo a corta distancia cuando salió a perseguir a los autores de un robo a su negocio de Ayacucho y Uriburu, en abril de 2006. El juez de Sentencia Antonio Ramos les impuso además el pago de una indemnización que supera el medio millón de pesos —que por su condición humilde difícilmente puedan afrontar— y rechazó una demanda de familiares de la víctima contra la provincia y el municipio por supuesta inacción en materia de seguridad ciudadana.

De los dos imputados, Héctor Francisco Castañeda recibió la pena más alta por ser considerado el autor del escopetazo que acabó casi en un instante con la vida del comerciante. Fue condenado por matar para asegurar el resultado del robo, lo que se denomina homicidio críminis causa. A Juan Marcelo Montenegro le aplicaron 15 años de pena por participar del asalto que terminó en el crimen.

La defensa. Castañeda se entregó en la comisaría 11ª dos días después del crimen, junto a su padre. Dijo que había consumido drogas y por eso no podía recordar nada de lo ocurrido, ni siquiera haber entrado a la carnicería. Sobre eso giró el planteo de la defensa durante el juicio. Pidió que fuera declarado inimputable por no haber comprendido lo que hacía.

El juez lo rechazó. Remarcó que el análisis de sangre y orina realizado al muchacho (el cual detectó un componente no identificado) no fue realizado con inmediatez al crimen. En suma, consideró que no había pruebas de que el muchacho hubiera actuado bajo un estado de incomprensión. "Toma la decisión de disparar y lo hace como medio para alcanzar el robo", evaluó.

Los dos muchachos vivían muy cerca de la carnicería Carlos II, el local de la ochava sudoeste de Uriburu y Ayacucho del que era dueño Fabio, de 30 años. Conocían del barrio al comerciante y a sus empleados y en otras ocasiones habían ido a pedir unas monedas. La mañana del 15 de abril de 2006, cerca de las 10, en el negocio estaban Mariela Berlocchi, esposa de Carlos, dos empleados y tres clientes. "Hola Mariela. ¿Cómo te va?", saludaron. Las mujer les preguntó qué necesitaban y sacaron una escopeta tumbera.

Asustada, Mariela se escondió en una habitación. Los ladrones le exigieron a uno de los empleados la caja registradora, con la que se fueron tras arrojar al piso una balanza electrónica. Justo en el momento en que los ladrones salían corriendo hacia la villa ubicada calle de por medio, Fabio llegó en su cupé Renault Megane en la que llevaba a Luna, su hija de un año y medio.

El carnicero salió tras los asaltantes por Uriburu hacia el este.

Caída y disparo. A unos 50 metros uno de los asaltantes tropezó y cayó al piso. El otro siguió. El comerciante intentó cerrarle el paso, pero apenas bajó del auto recibió un escopetazo en el medio del estómago. Fue a muy corta distancia, desde unos 50 centímetros. Los vecinos llevaron a Fabio a un sanatorio privado, adonde llegó con sus últimas fuerzas.

A las 48 horas Castañeda se entregó. "Se sabe que Héctor es el que sacó la escopeta en la carnicería", dijo entonces la policía. El muchacho no tuvo mucho para decir. En la comisaría dijo que no se acordaba de nada y que sólo tenía algunos flashes de lo que había pasado ese fin de semana. En la indagatoria, directamente se abstuvo de declarar. Los vecinos de Fabio, que era una persona muy querida en el barrio, convocaron a una numerosa marcha para pedir el esclarecimiento del caso.

El otro. Dos semanas después fue apresado Montenegro cuando caminaba por el barrio toba de la zona oeste. Varios meses más tarde, en su casa de Garibaldi al 200 se encontró el arma escondida en un pozo.

Además de ese hallazgo, dos líneas de prueba resultaron esenciales en el juicio. Una es la que definieron los reconocimientos. Los empleados y la esposa de Fabio señalaron a Castañeda sin dudar. "El número 1 es el que lo mató", "es el que manipulaba el arma adentro de la carnicería", dijeron. Otro elemento fue el testimonio de la concubina de Montenegro. Contó que esa mañana lo vio llegar corriendo a su casa junto a Héctor. Después se cambiaron de ropa y se pusieron a revisar el escaso contenido de la caja registradora.

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