Leí en este diario una noticia sobre el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, que arengó a la multitud en la ciudad de Maracaibo, que no me interesa, manifestó, sobre el cambio de gobierno en la Argentina: "Sé lo que les digo: el pueblo argentino está listo para la lucha". Este señor está incitando a la lucha armada, en un gobierno elegido por su pueblo, en elecciones libres, sin muertos como en Venezuela, sin presos políticos, sin cárcel para los que piensan diferente. Opino que sería mejor observar su actuación en su país, donde matan al que piensa distinto, los meten en la cárcel. No es ejemplo de democracia. Las ideas no se matan. Pobre pueblo venezolano, perdió su libertad y tiene un presidente que se guía por las órdenes que le transmite un pajarito en su despacho. Pero dejemos por un momento a nuestros hermanos venezolanos y vayamos a lo nuestro. Ayer felicité a un grupo de facebook que invitaban a una concentración en Plaza de Mayo, para despedir a su jefa, Cristina, que finaliza su mandato. Me pareció un gesto democrático, despedir a su líder y homenajearla en forma civilizada, el día 9 de diciembre de 2015. Al día siguiente asume el ingeniero Macri, y sus simpatizantes hacen una concentración en Plaza de Mayo. Hasta ahí, todo normal. Pero hay personas que no aceptan la derrota, son violentos, no son democráticos y desean el poder para siempre. Recordaba las palabras de un filósofo que al respecto decía: "no hay que permitir que los ideólogos de la violencia se apoderen de las palabras". La señora Bonafini, llama a una concentración, en el mismo lugar, a la misma hora, con La Cámpora para demostrar "el rechazo al presidente elegido" por la mayoría. A la señora, todos la conocemos. Fue respetable, y cuando la compraron con millones, cambió. Me hace recordar, a los camisas negras de Adolf Hitler, antes de conseguir el poder total. Se hacían grande concentraciones, los camisas negras se mezclaban en la multitud, y cuando alguno gritaba en contra le pegaban un cachiporrazo y le sacaban la idea de oponerse. Esta señora no va a la fiesta del cambio de gobierno, va a provocar. Siempre ha sido, una fuerza de choque, nunca le llamaron la atención. La última, lo reputeó al presidente de la Suprema Corte de Justicia. Siempre se sintió respaldada. Creo que no fue una figura para prestigiar al gobierno saliente. Siempre fue figura visible en la agresión y la división del pueblo. Triste, pero real. No sé cómo terminara la fiesta por el cambio de gobierno. La mayoría que fue derrotada en la urnas, no está contenta, pero lo aceptan, son educados, piensan en recomponer el partido peronista para las próximas elecciones, dentro de cuatro años. Nos tenemos que acostumbrar a pensar con democracia. Podemos pensar distinto, pero nunca la violencia. Dios proteja la República y a su pueblo.































