Soy una persona mayor y no es mi intención demostrar mi tristeza y desconsuelo. Sí alertar sobre los paseadores de perros sin estar preparados para dicha función. Mi compañía que estuvo a mi lado diez años en los buenos y muy malos momentos, era una mascota muy inteligente. Teníamos un entendimiento y cariño muy especial, sus ojos lo expresaban todo. El paseador José lo trajo la última noche diciendo que había tenido un problema con otro perro. Según José, mientras él atendía los otros animales la pelea fue a sus espaldas. Aclaro que solía llevar cuatro o más perros. ¿Qué cuidado tenía? Esa noche se veía muy mal, le costaba respirar. Lo llevé de urgencia a una veterinaria de Urquiza al 2000; según el diagnóstico tenía la tráquea rota, lo internaron diciendo que probablemente se podría regenerar y en caso contrario operarlo. Pedí que no sufriera, que tomaran la decisión correcta. Coqui me miraba pidiendo que no lo abandonara, él que siempre me cuidaba cuando estaba enferma. A los tres días murió horriblemente y allí estuvo en un canil esperando la muerte. Tres días para cobrar sus honorarios, nada más y aclaro que fueron bastante altos. Coqui era un ser viviente y no había derecho a torturarlo. Me es imposible borrar de mi memoria el estado desesperante en que estaba, no exagero. ¿Podré confiar?
































