Escuchamos que se fugan presos de a uno, de a cinco o de a muchos. Los delincuentes matan a ciudadanos decentes, todos los días, en entraderas o en salideras, o a quienes pretenden caminar tranquilos por la calle; fusilan a chicos y grandes para robarles la moto o la campera, o las zapatillas, o nada, pero los matan. Motochorros de a dos o de a cuatro rompen vidrios de autos, asaltan y destruyen la vida de sus conductores de un tiro o un ladrillazo; queman autos estacionados, incendian viviendas... Pero casi todos los criminales siguen sueltos y felices, con sus instintos asesinos indemnes y cada vez más en alza, cada vez más impunes. Mientras tanto, y con la angustia que produce el peligro latente y constante de estas muertes cotidianas, veo en la televisión cientos de policías dedicados y afanosos de cuidar que los barrabravas (¡Y vaya si lo son, sin pudor ni castigo!) se maten los unos a los otros. Y esto a diario, en esta interminable sucesión de partidos de “Futbol para todos”, que ya agobia, que no lo hemos pedido ni necesitado “todos”, y que suplanta con impúdica indiferencia total al “Comida y agua para todos”, “Vivienda para todos”, “Salud para todos”, “Educación para todos” (y no esa mentira del “Secundario Obligatorio”, cuando los chicos no terminan ni la primaria), u “Oficios para todos”, que tendrían que ser prioridad en la inversión de esta Argentina desquiciada. Y vemos también otros cientos y cientos (o miles quizás) de policías que contienen a los fanáticos y fanáticas de las diversas bandas que, con obsesiva manipulación, día a día tratan de llenar de ruido los cerebros del pueblo, para impedir que así tengan tiempo dedicado a pensar. ¿Para qué está la policía? ¿Cuál es verdaderamente su función? ¿Dónde está el gobierno nacional, que ignora su obligación de volvernos a convertir en un país serio, progresista y ejemplar? ¿Por qué no toman clases en Suecia, donde están cerrando cárceles porque ya no las necesitan? Sí, aunque aquí parezca una utopía, han logrado que casi no existan delitos. Indudablemente aplicando métodos y sistemas que no existen en la Argentina. Tampoco existe nadie responsable que se haya propuesto, al menos hasta ahora, preguntar, aprender y poner en práctica, apostando a una esperanza de poder convivir en paz.
Olga Bressano de Alonso
DNI 5.543.291
¡Queremos crecer felices!
Somos alumnos de una escuela primaria de Capitán Bermúdez y queremos aprovechar este espacio para pedir a las autoridades de nuestra ciudad la creación de lugares donde podamos disfrutar de nuestro tiempo libre sin estar expuestos a los peligros de la calle. Nos encantaría poder tener clubes barriales o vecinales donde practicar actividades físicas y desarrollar nuestras habilidades artísticas como: pintura, teatro, música, etcétera, a un costo accesible y cercano a nuestro domicilio, ya que para poder practicar la mayoría de los deportes debemos trasladarnos a ciudades vecinas. Estamos convencidos de que cuanto mayor sea el tiempo que compartamos con otros chicos de nuestra edad, más sano será nuestro crecimiento.
Alumnos de 6º grado
Escuela Nº 1155 “Cayetano Errico”
La paciencia de los rosarinos
Señores del gobierno, ¿hasta cuándo tenemos que soportar robos en las autopistas, en los semáforos, en las calles, en las viviendas? ¿Hasta cuándo? Tenemos que transitar por las rutas llenas de pozos y las banquinas pavimentadas con barro, que son un peligro latente para los automovilistas. Creo que no nos merecemos que nos pasen tantas cosas. Somos ciudadanos, que en su mayoría cumplimos a rajatabla con los impuestos, patente y todo lo que pagamos. ¡Por favor, comiencen a hacer algo! ¡Se necesita seguridad y arreglar las rutas, aun las que están concesionadas y en las que, por supuesto, pagamos peaje! ¡Por favor, todos podemos ser la próxima víctima!
Griselda Juri
DNI 14.556.781
El hombre primitivo
Ahora en Santa Fe y avenida Francia, antes en Oroño al 1000 o Santa Fe 3900 o Corrientes al 500. Sólo necesita tener agua para beber cerca. Come lo que encuentra en los recipientes de residuos. Sólo necesita tener agua para beber cerca. Siempre solo, ni siquiera un perro cerca. Sólo necesita tener agua para beber cerca. No tiene apegos, nada material ni afectivo posee. Sólo necesita tener agua para beber cerca. No sabe si gobierna la ciudad Mónica o Miguel. Si es la década ganada o perdida. Sólo necesita tener agua para beber cerca. No le importa saber si juegan Trezeguet, Muñoz o si juegan Abreu o Castillejos. Sólo necesita tener agua para beber cerca. Casi no necesita de la palabra, porque lo único que pide al caminante es un cigarrillo y le basta con llevarse dos dedos a los labios. Sólo necesita tener agua para beber cerca. Si enferma se curará echándose en un rincón, como lo hacen los animales de la selva. Sólo necesita tener agua para beber cerca. Y un día enfermará y su cuerpo no se curará. Morirá, vendrá la morguera municipal, se lo llevará. Ya no necesitará tener agua para beber cerca.
Mario Carlos Herrero
[email protected]
DNI 10.864.114
La “presidenta mondongo”
La historia oficial de la última década habla de crecimiento a tasas chinas y recaudaciones récord que hicieron posible una fuerte reducción de los niveles de pobreza. Las imágenes de los últimos días, en los cuales 1.900 comercios fueron destruidos en todo el país, con un saldo de más de diez muertos y cientos de heridos graves, hacen que el relato se desmorone sin remedio. Para que el sector político con mayor responsabilidad en el descalabro del 2001 pudiese retomar el poder fue necesario armar una descripción de los hechos basada en un presidente inepto, que no escuchaba el clamor de gente desesperada. En ese contexto, la figura de los saqueos fue manipulada para demostrar el hambre general. Una sociedad alejada de la política no advirtió el engaño y terminó aceptando a los asaltos de negocios como un fenómeno “espontáneo”, que exigía la interrupción del mandato presidencial para terminar con el caos. Y así, con De la Rúa ungido como responsable principal, la crisis fue “desapareciendo”, casi por arte de magia. Si los saqueos no volvían a producirse, quedaba probado que la situación estaba dominada. Con el transcurso de los años, esa suerte de ficción prevaleció apoltronada en estadísticas falsas y un aparato de propaganda permanente, hasta quedar al descubierto por los hechos que en los primeros días de diciembre atravesaron el país. Sobra el ejemplo del comerciante tucumano que decidió quitarse la vida, al ver morir a su mujer por un ataque al corazón, desesperada por haberlo perdido todo. Poco puede esperarse de una “presidenta mondongo”, sin sangre para dar un paso al costado por el fracaso de su gestión. La verdadera incógnita es saber si la ciudadanía conserva algo del coraje que mostró en diciembre de 2001 y exija una pronta renuncia a un gobierno incapaz.
Gustavo Micino
[email protected]
DNI 21.843.876
¿Estatizar para esto?
Según informes del Enress, en 2006 la masa salarial de Aguas Santafesinas SA (Assa) era de $ 40.568.000; en el año 2012, fueron $ 274.961.000. Los insumos y demás para potabilizar y transportar agua en 2006 eran $ 63.333.000; en 2012 fueron $ 247.006.000. Aumento de la masa salarial 2006-2012: 578%. Insumos y demás: 290%. Inflación del Ipec: 175%. En 2013 los salarios de Assa aumentaron 30%. Proyectando todo a 2015: el aumento de la masa salarial 2006-2015 fue de 1.238%. Los insumos y demás: 566%. La inflación del Ipec: 340%. En 2006 había 914 empleados. En 2012, fueron 1.157. En 2011 lo recaudado fue de $ 215.254.000 y los gastos totales $ 407.113.000. El Estado (plata nuestra) puso $ 191.859.000 para equilibrar cuentas. Desde 2007, Assa tuvo déficit todos los años. Actualizándolo a 2012 con el Ipec, el déficit acumulado es $ 1.001.915.239 (más de mil millones). La estatización se tragó dos acueductos del Gran Rosario completos. Nos dice el gobierno que veamos cómo nos fue con los privados, siendo que éstos soportaron devaluación y tarifas planchadas. Estas, entre 2006-2012 aumentaron 432% más lo aportado por otro lado. Ahora hay barrios enteros sin agua; aguateros para ellos. ¿Vivimos un tiempo colonial con estas tarifas? Existen amenazas de remate de viviendas, y con mal servicio.
Héctor González
DNI 7.993.565
La policía que supimos conseguir
Esto viene de lejos. Cuando era chico, se agasajaba en la escuela al agente de la esquina el Día de la Policía. Le hacían un obsequio y él nos hablaba sobre la conducta que debíamos observar. Era “toda una autoridad”. De esto hace más de setenta años. Lentamente la fuimos denigrando. Los sueldos siempre fueron malos, pero lo compensaban con la “chispa” del juego, y todos mirábamos al costado. Seguimos descendiendo. En los años 70, el gobierno militar nos hizo de la policía “preventora” una policía “represora”. Fue usada como fuerza de choque por el Ejército. La que hacía la “tarea sucia” en los allanamientos y siempre algo se llevaban. Basta mirar a cuántos policías se está juzgando por represores. Comenzaron a trasladarlos a lugares lejos de sus hogares, en destinos donde no conocían a nadie. Entonces tenían “impunidad” para actuar. ¿Qué van a saber, si no son del lugar y están de paso en ese destino, quién banca el juego clandestino; quién es pirata del asfalto; dónde están los desarmaderos; dónde los protíbulos? “Nada saben”, y además les conviene no saber nada, porque a lo mejor el jefe está “entongado” con alguno o con todos. Los que integraron cooperadoras policiales saben bien de esto. Y seguimos mirando al costado. Recuerden a la policía haciendo “dedo” en la ruta, para volver a su hogares. Suprimieron la Escuela de Policía. Con “tres meses” de entrenamiento se los incorporaba a la fuerza. ¿Cuántos jefes policiales están investigados por enriquecimiento? No podemos pedir nada, si nada hicimos. Podemos comprar móviles, equipos y chalecos; pero instrucción diaria, incorporación de valores y preparación activa no les damos. Un policía se hace en el tiempo y con todo esto asimilado. No podemos tener presos en las comisarías conviviendo con el uniformado. Esa delgada línea que los separa se cruza con facilidad. No podemos culparlos por la tentación del delito, si lo estamos fomentando. No podemos enviarlos a la calle para que anden de a dos, mirando vidrieras o hablando por celular. No son “vigilantes”, son simples caminantes. “Sacamos a la policía a la calle así hay presencia policial”, dicen. ¿Para qué? Entonces, no debe sorprender nada de lo que ha pasado. Es la policía que “supimos conseguir”. ¡Cuanto va a costar revertir esta situación! Deberemos volver a los jefes políticos de policía que sean personas reconocidas por su participación comunitaria y dejar de lado el sistema actual, donde se hacen cargo de las unidades regionales oficiales a punto de retirarse y que cuando conocieron el departamento, se retiran para jubilarse. Debemos incorporar a personal del lugar, para que interactúen con la sociedad donde viven, conozcan a los vecinos y sean auténticos vigilantes, para que podamos valorar su actividad. ¡Cuánto nos queda por hacer!
LE 5.996.173