La oposición acaba de dar otro paso en falso en el Congreso. En la Cámara Alta la ausencia del ex presidente Carlos Menem dejó nuevamente perplejos a los 36 senadores opositores al gobierno nacional, quienes sólo atinaron a descargar su bronca e impotencia delante de las cámaras de televisión. Mientras que en la Cámara baja la oposición no fue capaz de conseguir quórum pese a tener mayoría propia a raíz del resultado electoral del 28 de junio pasado. El diagnóstico, tanto de los legisladores de la oposición como del poder mediático, fue el mismo: el Congreso está paralizado por culpa exclusiva del kirchnerismo, carente de una genuina vocación democrática. Por un lado, se lanzaron rumores acerca de un eventual acuerdo secreto entre Carlos Menem y el gobierno nacional; por el otro, el gobierno nacional fue acusado de pretender cerrar el Congreso debido a su inferioridad numérica a la que quedó condenado luego del traspié electoral. Mientras tanto, la oposición se presenta nuevamente como la víctima inocente de una fuerza diabólica. El senador Luis Juez dijo sin sonrojarse que él no está acostumbrado a luchar en el barro, sin reglas claras. A esta altura de los acontecimientos el pueblo argentino se ha dado cuenta de que la oposición, como institución política fundamental de toda genuina democracia republicana, no existe. Es sólo un rejunte de vanidades unidas por una única obsesión: la de aplastar al kirchnerismo. Detrás de ese mezquino sentimiento de venganza, no hay nada. Carente de un programa alternativo de gobierno y de una figura capaz de aglutinar a todos, la oposición demuestra semana tras semana su increíble incapacidad política, su asombrosa carencia de virtud republicana, su notable desprecio por aquellos argentinos que, el año pasado, depositaron su voto confiando en el surgimiento en el país de una oposición seria y responsable. No causa, por ende, asombro alguno el repunte en las encuestas del matrimonio presidencial. Con sus defectos a cuestas, el kirchnerismo es hoy la única alternativa válida. Enfrente no hay nada. El paso en falso dado por la oposición esta semana no ha hecho más que ponerlo dramáticamente en evidencia.


































