La vida es nacer y morir, salud y enfermedad. Gracias doy a la vida por mi hermana y gracias doy a todos y cada uno de los médicos, enfermeros y demás integrantes de la Sala de Terapia Intensiva del Hospital Provincial, quienes cuidaron, acompañaron y asistieron a mi hermana desde el 5 de junio y hasta el último momento. Gracias a la vida también por haberlos puesto en su camino, por haberlos elegido para acompañarla en su enfermedad. Fue muy duro perder a mi hermana pero me reconforta saber que estaba en muy buenas manos, eficientes profesionales y excelentes seres humanos. Con estas líneas quiero hacer un humilde pero muy sentido reconocimiento a todos ellos, que me brindaron contención y afecto en todo momento. Son un verdadero orgullo para la salud pública de la ciudad.


























