Las declaraciones de Kicillof con respecto a que las sustituciones de importaciones terminarán de dejar sin dólares a la Argentina y la decisión del gobernador chaqueño Capitanich (incondicional al cristinismo) de no respetar la cláusula de emisión de bonos en dólares y pesificar el pago de los mismos (¿que pasará con los intereses, no son los mismos de un bono en pesos que un bono en dólares?) parecen ser la jugada maestra que allane el camino a la pesificación de los depósitos en dólares que existen en los bancos. Mi madre siempre decía que la necesidad tiene cara de hereje, y la urgencia de este gobierno en reforzar sus alicaídas reservas reales (nadie sabe a ciencia cierta cuánto de metálico existe en el Banco Central) puede justificar, ante una sociedad que lo único que le interesa es el divorcio de Maradona, el cobro directo de un impuesto que seria la diferencia entre peso y dólar oficial, que pasarían a las arcas del gobierno en forma inmediata.































