A quienes nos representan: gobernantes del poder político, municipal, provincial, nacional, quiero decirles que el transitar por esta vida hace que arribe a ciertas conclusiones. ¡Señores, me equivoqué! Soy de la época en que los padres daban el ejemplo. Así mamé la cultura del trabajo, me alimenté con la esencia de valores éticos y morales, desarrollé mi intelecto con estudios completos en todos los niveles. ¿Y? Acabo de pisar el escalón que me lleva a la jubilación. ¿Debo festejar por ello? ¿Esa dádiva que algunos reciben, sirve para vivir dignamente? Yo no la tendré, no caeré en el juego de dar dinero de mi propio bolsillo para “comprar” los años que adeudo, obteniendo un ¿beneficio? Y si hablamos de los que tienen 40 o más, los desocupados de esta sociedad por considerarlos viejos, ¿qué dicen? Y si te instruiste, sos capaz de razonar, interpretar, criticar, analizar y ¿para qué te sirve? ¿Tenés trabajo? Tal vez dos para sobrevivir, una familia, alquilás o con mucha “suerte” casa propia, te matás pagando los impuestos. Y cuando prendés la tele, qué ves. Programas ya emitidos hace tiempo, varios de Francella, juegos de entretenimientos, escenas conflictivas, mediáticas de la farándula, concursos de modelos y cantantes, todos quieren estar en la TV. ¿No ven que todo es efímero, desechable? La pantalla nos devuelve cataratas de denuncias, nombres de corruptos, de poderosos sin escrúpulos, de choros en las más altas esferas políticas, empresarios mentirosos. ¿Y qué sentís? Que sos un espectador usado, engañado, manipulado frente a la caja boba. ¡Todos mienten y no hacemos nada para que esto cambie! Después te vas a dormir con ese sabor amargo y la bronca que te atraviesa todo el cuerpo. ¿Descansás? ¿Podés empezar de nuevo al otro día, así una y otra vez? ¿Cómo hacés para seguir? La clase media es la más perjudicada; los pobres, los que no tienen nada, que reciben (¿todo?), no tienen la culpa. A ellos no les han enseñado como a mí a pensar, a trabajar, a tener lo que se quiere con dignidad, a valorar, a respetar. Mis abuelos eran inmigrantes italianos, mis padres vivieron y trabajaron en esta tierra, mi país, la patria de todos. Pero debo decir que ellos como tantos equivocaron el camino al formar generaciones de gente como yo. Hoy lamento la herencia que dejo a mis hijos y nietos. ¡Ojalá puedan algún día perdonarme!

































