“El silencio de los inocentes” es una película estadounidense, con Jodie Foster y Anthony Hopkins en los papeles principales. En Newell’s terminó de rodarse hace pocos días otra película, con título parecido: “El silencio de los tan inocentes”, protagonizada por los autoconvocados, con papeles protagónicos a cargo de los que además de pertenecer a ese grupo ocupan cargos en la comisión directiva del club. Y no son pocos. La institución acaba de pasar por una de las etapas más desprolijas desde la recuperación de la vida democrática, en el año 2008. Desprolija es poco. Se actuó con irresponsabilidad, con incapacidad, con falta de respeto a los socios y a los hinchas, con falta de coraje (por no decir otra cosa) para hacer lo que se debía hacer. Es impensable y hasta ridículo que un club con la trayectoria de Newell’s, con la riquísima historia que atesora, con la cantidad de socios e hinchas que tiene y con el privilegio bien ganado de ser el “más grande del interior”, haya pasado por 60 días de desaciertos, idas y vueltas, culpando a los demás de lo que sucedía –con especial énfasis en los medios de comunicación–, sin hacerse cargo absolutamente de nada. La culpa siempre es del otro. Lo único que se les ocurrió hacer fue colgar en la web oficial un nefasto comunicado, vacío de contenido, surrealista, bajo el desopilante título de “Criterios para la elección del nuevo entrenador”, donde ningún directivo se hacía cargo de los fracasados y vergonzosos intentos por encontrar a un DT para el equipo de primera. La culpa era de los hinchas impacientes y del periodismo. Mientras tanto, los autoconvocados, que desde el 2008 al 2012 criticaban a diestra y siniestra a la comisión directiva de ese período y que por las presiones que le metieron al entonces y actual presidente Guillermo Lorente fueron removidos de sus cargos Eduardo Bermúdez y el Galgo Dezotti, parece que en la actualidad se han enfermado: contrajeron ostracistis, o se los escuchó hablar; no opinaron, no criticaron, no nada. Claro, cómo lo iban a hacer si varios de ellos son directivos del club. Era como, y perdón por la grosería, “escupir para arriba”. Qué fácil era criticar, despotricar, atacar desde afuera. Reclamaban, pedían, exigían. Pero hoy se han llamado al más absoluto y vergonzoso silencio. Ellos también fueron, al igual que otros directivos en este penoso tiempo de 60 días, responsables de la situación. Han sido, como se dice en el ámbito jurídico, “partícipes necesarios”. Pero seguro no lo van a admitir. Y seguro no van a renunciar a sus cargos en la comisión directiva, como correspondería. No conocen la dignidad. Y, además, se han quedado sin palabras, aunque podrían hacerlo por escrito. Si utilizan este último método, traten de que no se parezca al famoso comunicado.


































