Quien quiera tener un proyecto deberá ganarle al mundo y al cuerpo. Escarbando en su propio disfraz, uno debería encontrar a un humano y agradecer lo que ha sido o querer despojarse de lo que es. Suerte del mediocre que le agarre hambre y frío, sino no sabría qué hacer con su tiempo, porque siquiera sabe qué cualidades tiene. El ser ha dejado de buscar qué es o quiere ser en su vida, de preguntarse para qué existe o para qué sirve. Vive buscando en lo efímero a qué parecerse o a quién impresionar. Va tapando con baratijas el hueco del sentido. Este modelo asfixiante está falto de montañas, cuevas y algunos frutos sin dueños mezquinos. Silencio y salvajismo. Y no pienso en salvajismo de violencia, sino del hombre como un animal libre y el silencio un indicio del pensamiento. Debe el individuo despertar. Aspirar a lo distinto, adornar las moralejas. Ser para el mundo más que un adornito, un evento inolvidable. Conquistarse interiormente, buscar más palabras y que la vida deje de ser un tren o un camino y empiece a ser algo nunca dicho. Ejercitar la lucidez y guardarla para el final. No ser un invento de otro.


































