Desde 1945, año en que aparece el peronismo y la ficción del justicialismo, hasta el año 2011, los salarios de los empleados cayeron a la tercera parte del promedio de lo que ganan los asalariados de los 61 países que superan el ingreso per cápita de Argentina. Los aumentos salariales nominales del gobierno y de la poderosa corporación sindical, sólo compensan la pérdida producida por la inflación, sin preocupación de cómo aumentar el salario real. Los salarios tienen retenciones con distintas denominaciones, y generan aportes patronales por diversos conceptos. Hay estimaciones que su monto total se acerca al 50 por ciento del sueldo nominal y para sueldos altos lo supera. Se añade que la burocracia estatal y la de la corporación están sospechadas de corrupción, quedándose con parte de lo que reciben o dilapidándolo en operaciones que la Justicia ya ha sentenciado como delitos. La sociedad rechaza esta exacción, que no ayuda al asalariado ni a los jubilados, demostrado con: la caída del sueldo real en la comparación mundial, los 500 mil juicios jubilatorios, los millones de trabajadores en negro, y la pobreza. Para aumentar salarios hay que disminuir las cargas sociales, eliminarlas para menores de 25 años, facilitando su inserción laboral y reponer la jubilación privada. Además, que la inversión privada para exportar bienes y servicios se compute como pago a cuenta del Impuesto a las Ganancias.

































