Mi carta no es más que una canalización de la impotencia que siento. Transitando a las 8.15 por nuestra avenida de Circunvalación, que por todos los cortes, reparaciones eternas o lo que fuere estaba cortada y el tránsito detenido, de repente veo por el espejito retrovisor que a una señora que estaba en un auto justo detrás del mío, la atacan por la ventanilla: un delincuente armado le estaba robando a la vista de todos los que estábamos en la fila de autos. Mi primera reacción fue bajarme para ayudarla, pero me frené, ya que sólo hubiera subido la estadística de baleados de nuestra querida ciudad. Aclaro que me siento mal por no haberlo hecho, ya que la víctima pudo haber sido mi madre, mi hermana o la de cualquier lector. Cuando terminó el hecho me bajé del auto para asistir a la víctima, que estaba en shock. Cuando llegué hasta un patrullero, que acostumbran a cruzar para cortar la avenida, le comenté lo sucedido al policía que plácidamente hablaba con su teléfono celular y éste, sin cortar, me dijo: "Sí, y va a haber muchos mas"… Sólo pude insultarlo y retirarme como una víctima más. Le pido disculpas a la señora por mi falta de intervención. Me siento mal, un mal ciudadano. La próxima vez intervendré arrojándole al ladrón aunque sea los CD´s que llevo bajo mi asiento, entendiendo que este puede ser mi último acto.


































