En julio de 2011 compré un televisor LCD Samsung en una reconocida casa de artefactos para el hogar. Hace unos días, la imagen comenzó a verse distorsionada por una especie de "cortina blanca" que cubre casi toda la pantalla. Habiendo transcurrido más de un año de la compra y caducado la vigencia de la garantía, consulté con el servicio técnico al que me deriva Samsung para la reparación. Allí me pasaron telefónicamente, y como posibles alternativas, un presupuesto de 3.000 pesos y 400 dólares, que responden a cambio de pantalla o placa, respectivamente. Soy absolutamente consciente del vencimiento de la garantía, y asumo que a estas instancias, la reparación debe correr por mi cuenta; hablando de cifras razonables, categoría en la que, desde mi punto de vista, no entran esos importes. No estoy dispuesta a pagar esos montos por el arreglo de un televisor que compré hace un año. Un vendedor de la empresa donde adquirí el TV, que dice brindar "garantía de confianza", sostiene que es "cuestión de suerte" (?). Yo no pagué con suerte, sino con dinero y mucho sacrificio. También me contacté con Samsung para informarles que el LCD que compré, fabricado y comercializado por ellos, y al cabo de un año, prácticamente no sirve. Creo yo que hacer publicidad y brindar buena atención, no sólo pasa por la excesiva amabilidad con la que atienden telefónicamente, sino también por el deber de estas multinacionales, que nada regalan, de mantener la confiabilidad y convencernos a los consumidores, que somos quienes protagonizamos su crecimiento, de que no nos equivocamos en elegirlos.































