LLegó y se fue otro 25 de mayo en el que una vez más vinieron a la memoria los versos: "Ya el sol del 25 viene asomando y su luz en el plata va reflejando", de la canción "El sol del 25" que cantaba Gardel; quien en "Criollita de mis amores" decía: "se viste de azul y grana la aurora en el horizonte". Y en muchos 25 de Mayo el sol naciente enrojeció el horizonte para alumbrar después los campos, los montes, los lagos y cuchillas; las quebradas, las sierras y los valles; los ríos, lagunas y ciudades del país. Eso cuando su majestad, el clima, lo permitió; porque a veces el día estuvo desapacible como el que refiere la historia. Pero cada jornada debiera exaltar el espíritu de aquella gesta, y tendría que ser como un luminoso amanecer que despierte la conciencia de los argentinos, reclamándonos una actitud consecuente con 1810 para que podamos tener por fin una Nación verdaderamente libre; no sólo en el aspecto político y económico, sino libre en nuestras costumbres, en nuestro cancionero y en nuestra identidad. Todos los años en la Semana de Mayo, las revistas escolares publican artículos referidos a los antecedentes, la idea revolucionaria, las reuniones y la Primera Junta, así como las consabidas láminas del lluvioso 25 y del reparto de cintas celestes y blancas. Creo que además de la narración más o menos amena de los hechos de Mayo, a los chicos hay que darles algo más que una reseña informativa una semana por año. Hay que transmitirles una clara noción de libertad, de igualdad y de justicia. Se les debe forjar un sentimiento de pertenencia; de amor a la Patria que sea verdadero y no declamado. Un sentimiento que al mismo tiempo que aprenden idioma y computación, se vaya fortaleciendo para que sepan valorar nuestras riquezas naturales, nuestra música, la problemática de los pueblos originarios, de la ecología y de la contaminación del aire, del suelo, de los ríos y de las napas; como también las cuestiones de los glaciares, los acuíferos, la minería y la deforestación. Es importante asimismo que conozcan la obra de nuestros próceres que no fueron dioses inmaculados, sino mujeres y hombres con ideales que dejaron una impronta patriótica.
































