Los mensajeros de la antigüedad se exponían a perder la vida cuando llevaban noticias infortunadas a los poderosos. De allí la expresión “maten al mensajero”. En medio de esta oleada mediática de si hubo o no mala praxis respecto del fallecimiento de Ricardo Fort, no hace falta que muera un famoso para que se invoque esta frase. Los médicos “comunes” que trabajamos todos los días para ganarnos nuestro sueldo, también tenemos que lidiar con este enemigo encubierto mal llamado “mala praxis”. En su trabajo el médico debe decidir y actuar. En la urgencia la decisión y la acción deben ser inmediatas. Con suerte, la decisión y la acción son correctas y las cosas salen bien; pero muchas veces, y a pesar de haber actuado correctamente, las cosas no salen bien. En honor al grado de responsabilidad que le atañe al médico en su puesto de trabajo, pido un poco de piedad y consideración para con el que está solo y debe decidir rápidamente cuestiones tan complejas y sensibles como la salud. Pido que sean pacientes en la espera, que respeten la opinión del médico aunque no estén de acuerdo, que toleren la celeridad en el trato, las incomodidades, carencias y otras cuestiones menores que no hacen a la calidad de la atención. Finalmente y parangonando la expresión que inspiró el título de la presente, aunque “maten al médico”, la enfermedad y la muerte seguirán ocurriendo. ¡Salud colegas!































