Las diferencias entre los integrantes de la comunidad toba y los que ellos
denominan criollos provocó la noche del domingo un trágico episodio que terminó con un muchacho de
23 años muerto a balazos y su cuñado gravemente herido. Para los pesquisas, la motivación del hecho
está vinculada con antiguos enconos que tenían las víctimas y sus agresores. Sin embargo, los
familiares del joven asesinado señalaron que todo se trató de un equívoco y que el destinatario de
los proyectiles fatales era otra persona.
El violento suceso ocurrió en una casa situada en Esteban Maradona 6233 —a
50 metros de Campbell y a unos 100 de la avenida de Circunvalación—, en el extremo sudoeste
de la ciudad. Allí está emplazado uno de los barrios de la comunidad toba afincada en Rosario. La
calle, de tierra y con zanjas a cielo abierto, se extiende tres cuadras hasta el cruce con Rouillón
y a sus costados se levanta un racimo de casas de material y otras muchas de chapa.
Miguel Naporichi, de 23 años, y Esteban Labiosa, su cuñado de 36, habían dejado
su Chaco natal hace 18 años. Juntos llegaron a Rosario en busca de un mejor porvenir. Luego
trajeron a sus familiares y aquí empezaron a labrarse una vida un poco más digna que en el
monte.
Sin palabras.Cerca de las 20.30 del domingo, Miguel y Esteban cenaban en el
pequeña cocina de la casita de los Labiosa. Elisabeth Naporichi, esposa de Esteban y hermana de
Miguel, estaba a esa hora en el templo pentecostal de Campbell al 4800, al que concurren muchos
miembros de la comunidad.
Según contó Catalino, pastor evangélico de ese templo, ocho hombres llegaron
imprevistamente hasta la vivienda de Esteban, algunos de ellos en una moto, e irrumpieron
violentamente. El religioso explicó que cuatro muchachos aparecieron por el Pasaje 1835 y otros
cuatro por calle Maradona. Entonces, una lluvia de proyectiles perforó la puerta de chapa de la
casa. Según dijo, fueron siete impactos disparados con una escopeta, aunque ayer a la mañana se
podían observar en el lugar vainas servidas de revólver o pistola.
Desesperados, Naporichi y Labiosa intentaron cerrar la puerta y ponerse a
cubierto, pero no tuvieron tiempo. Un proyectil alcanzó a Miguel y le perforó el lado derecho del
abdomen cuando corría hacia una de las dos habitaciones de la casa. El joven se derrumbó en la cama
y poco después, agonizante, lo llevaron en una ambulancia al Hospital de Emergencias. Allí nada se
pudo hacer. El muchacho murió en el camino.
En tanto, Esteban se desplomó sobre la otra cama de la casa con un proyectil
incrustado en el vientre. También lo trasladaron al Heca y allí quedó internado en estado
reservado.
Ayer a la mañana todavía podía verse el reguero de sangre que se iniciaba en la
cocina de la vivienda y terminaba en la habitación donde cayó Naporichi, una pieza cuyas paredes
tienen como única decoración una imagen de los Tres Chiflados y un crucifijo de madera.
Para explicar los motivos del suceso, los investigadores policiales apelaron a
la remanida explicación de las "viejas rencillas" que enfrentaban a víctimas y agresores. Y
agregaron que éstos sólo fueron dos hombres que se movilizaban en una moto.
Fue un error. Por su parte, los familiares de Naporichi y Labiosa dijeron a
LaCapital que ignoraban la motivación del ataque. Y a modo de excusa, el pastor Catalino aseguró:
"Las balas no eran para ellos. Se equivocaron porque estaban destinadas a otra persona del
barrio".
El religioso sostuvo que algunos de los agresores son vecinos que integran un
familia "criolla" que vende droga en la barriada. "Estamos preocupados, los que mataron (a
Naporichi) viven alrededor de nosotros, pero no están presos", afirmó Catalino.
No fue la única acusación del pastor. También se quejó de lo que considera la
inacción policial de las autoridades de la comisaría 19ª, con jurisdicción en la zona donde ocurrió
el hecho. "Los policías de la seccional son cómplices de quienes mataron a este chico. Para
prevenir esto hice la denuncia hace cinco meses, pero no me atendieron. Nos discriminan porque
somos aborígenes, pero quiero que nos respeten porque no somos patoteros ni adictos", concluyó.
Otro ataque
El 27 de agosto, tres hombres de una familia fueron
baleados en otro ataque que la policía caratuló como una vieja rivalidad entre familias del barrio
Toba: los Mansilla y los Avalos. Aquel día en el Pasaje 1837 al 6000, fueron heridos Joel Mansilla,
de 22 años; Gerardo Gilardi, de 23 y Sergio Romero, de 28.