“...La vejez es la sede de la sabiduría de la vida”. Qué palabras, qué piropo de amor, cuanta belleza, agradecido al flamante Papa Francisco por estas hermosas palabras. Alguien se acuerda de nosotros. Den gracias viejitos perezosos. El viernes asistí a una gran asamblea de organizaciones de jubilados, lastimoso. Viejos (¿sabios?) de 70, 80, 90 años haciendo propuestas y propuestas para seguir juntando firmas (hace años que lo hacemos) y, para hablar (¿?) con funcionarios y legisladores para que revean el veto de la Ley de Jubilaciones y que se apruebe nuevamente para reivindicar nuestros justos reclamos. ¿Qué tristeza!, ¡cuánta vergüenza! y para colmo hoy leo el incalificable encuentro de dirigentes políticos en Entre Ríos donde muy sueltos de cuerpo mencionan al general Perón y su esposa diciendo de su adhesión a su tarea de seguir sus idearios de una justa distribución social. ¿No tendrán vergüenza de siquiera mencionarlos? y tras cartón inventar y proponer caminos para gambetear descaradamente la Constitución fogoneando la rereeleción, como si en 40 millones de argentinos la salvación esta en una sola persona. Se ve que no hay uno que sirva para nada. Repito, no tienen vergüenza, o ¿quieren seguir robando cuatro años màs? ¿No les alcanza con lo que ya embolsaron? Si hay un Dios, como creemos al menos no temamos tanto, habrá justicia, pero acuérdense, por lo menos, cuando voten.



































