Para la ONU la definición de colonia es "territorio no autogobernado". Evidentemente, no hay peor ciego que el que no quiere ver. En el permanente reclamo que hacemos los argentinos siempre sustentamos "dos objetivos" que, para comprenderlos bien, los debemos analizar por separado pues los argumentos para uno y otro son muy diferentes. Al no hacerlo así no hacemos más que agrandar la confusión. En uno reclamamos que finalice el "colonialismo" y en el otro que se concrete "la integración" con la Argentina. Estamos haciendo tanto ruido festejando los 200 años que la autodeterminación llegó a América del Sur que no nos damos cuenta que, detalle más detalle menos, esa misma autodeterminación está llegando a las Islas del Atlántico Sur y, por si alguno lo ignora, llegó para quedarse. Deberíamos estar gozando y dando gracias. A Dios, en primer lugar, por habernos mostrado que existe un principio de salida pacífica a tan largo conflicto; a los 907 hombres que dejaron sus vidas en el helado Sur en 1982; a las autoridades del momento que supieron acusar el golpe e iniciaron una veloz reforma agraria y política; y a todos los Argentinos que visitaron últimamente las Islas Malvinas y comprobaron el aire independista que allí se respira. Tal vez no nos gusta nada el estilo british que le están dando, pero eso lo deberíamos haber pensado el día que pateamos el tablero y nos fuimos de la reunión bilateral que _aunque incipiente_ existió. Nunca debemos olvidarnos que los errores, aunque sean involuntarios, siempre se pagan. ¿Y qué hacemos con el segundo objetivo? Paciencia y trabajo mancomunado. Si nos llevó 100 años lograr el primero bien podemos transitar otro tanto para lograr el segundo. Bien dicen los sabios quien apunta al todo o nada siempre se queda con nada.

































