Hasta la última fibra del corazón humano se conmovió cuando el recordado y
genial Jorge Donn maravilló al mundo con ese baile cautivante, de técnica perfecta y mensaje
extraordinario, en la película de Claude Lelouch que sirve de título, en esta ocasión, a esta
reflexión: Los unos y los otros. Recordará el lector ese drama interpretado magistralmente, entre
otros, por James Cann y Geraldine Chaplin, que refleja el eterno drama del hombre: la ausencia de
paz que le niegan las circunstancias y los poderosos.
Los unos y los otros puso al desnudo una realidad existencial durante la Segunda
Guerra Mundial, pero siempre vigente, siempre amarga y dolorosa. Por una parte aquellos que gozan
de prerrogativas y poder y sojuzgan, y por otro esos seres sometidos, sumergidos en la desgracia,
en la pena sin remisión por las condiciones que genera e impone el poder. El filme no es más que el
reflejo del escenario del mundo y de lo que en él ocurre. El bellísimo baile de Donn puede
interpretarse de diversas formas, mas siempre elegí para mí aquella que muestra al hombre en una
lucha permanente, yendo hacia abajo, hacia los costados, de pronto hacia arriba, ondulando su
voluntad, su fe, su esperanza, para alcanzar finalmente aquello que desea y que por justicia le
corresponde. El cuerpo de Donn y la danza son manifestaciones, en ese momento, de la lucha de cada
ser humano. El final del baile, que coincide con el de la película, es estremecedor y sublime. Cada
uno habrá interpretado a su manera qué quiso significar el coreógrafo y el director de la película
con ese fin. En mi opinión, parecen haber querido expresar que ese grupo humano que queda
finalmente contra el piso, representa a esa buena parte de la humanidad derrotada, humillada,
cansada y desfalleciente por tanta lucha y sinsabor.
A esta altura, el lector podrá pensar, y con razón, si esta reflexión de hoy se
trata de una crítica de cine. En realidad no, sólo que este aquí y ahora y sus circunstancias
permiten expresar que hay unos y están los otros. Los unos son esos que se conocen, que gozan de
poder o aspiran a llegar a él y que por acción u omisión permiten que los otros, esto es el ser
humano común, sólo tenga la obligación de acceder a la pena, pero ningún derecho a tener paz.
Los unos. En los últimos días, en este país excesivamente generoso, se ha
asistido a actitudes patéticas, dramáticas. No vale la pena volver sobre ellas, porque el lector
las conoce. Basta con repasar las noticias de la semana para advertir cuanta irresponsabilidad y
sandez hay entre oficialistas y opositores, cuanto enfrentamiento.
Sin embargo, vale recordar algunos dichos portentosos recientes de "los unos",
esto es de políticos y funcionarios que conforman la "pléyade" de dirigentes argentinos, y el
lector podrá tener una idea de los fabulosos proyectos que se ponen a consideración e imaginar el
destino de la Nación. Dijo el presidenciable Carlos Alberto Reutemann: "Desde el domingo 27,
tenemos que empezar a pensar en recuperar Santa Fe para el PJ". Señaló el jefe de Gabinete Aníbal
Fernández: ""Es un espanto que en un país el que fuera compañero de fórmula del presidente de la
Nación esté jugando en contra".
Aportó Agustín Rossi. que "el vicepresidente es el representante del Poder
Ejecutivo ante el Senado, pero Cobos hace tiempo que dejó de cumplir esa función. Por el contrario,
hace una utilización mezquina del cargo", y añadió: "usa el rol de vicepresidente para consolidar
su liderazgo como opositor".
El vicepresidente Cobos, otrora aliado del kirchnerismo y hoy opositor
respondió: "Todos tienen derecho a reunirse, ahora cuando lo hace el vicepresidente se transforma
en conspirador". La verdad sea dicha, y al margen del asunto que aquí se trata, no parece ético que
quien cuestiona al gobierno permanezca en él ¿No es verdad?
Los otros. Y mientras estos dimes y diretes cruzan el espacio argentino para
indignación de muchos, mientras estas estupideces exclamadas con absoluta impunidad que no
representan sino el rostro de la necesidad mezquina y repugnante de recuperar el poder o de
conservarlo, pero no para felicidad de "los otros", estos viven una situación alarmante.
Sin ánimo de pesimismo, pero sí con todo el vigor posible en la tarea de mostrar
una realidad que exige un cambio urgente, repárese en lo siguiente: uno de los últimos informes del
Indec-ente, sostiene que el número de pobres en Argentina alcanza alrededor del 15 o 16 por ciento.
Una cifra que está muy lejos de ser la real, ya que según el estudio realizado por la Universidad
Católica Argentina la cifra se eleva a casi un 40 por ciento. Este estudio, realizado en base al
denominado "Barómetro de la Deuda Social Argentina, una minuciosa investigación que dilucidó, entre
otros puntos, que el 80 por ciento de los hogares pobres debió disminuir su dieta alimenticia.
Otra cifra alarmante es la que dio a conocer Unicef, basada en datos del año
2007 y que sostiene: "En Argentina nacen 1.920 niños por día. El 31,6 por ciento de ellos nacen en
hogares pobres". En consecuencia, estimado lector, el resultado es que nacen 606 bebés pobres
diarios". Sin embargo, se considera que en la actualidad esta cifra ha aumentado y serían unos 905
bebes los que nacen diariamente en un contexto de pobreza.
Señores, lo ha dicho Edgardo Trivisonno, ex subsecretario de Salud de la comuna
porteña: "25 niños por día en la Argentina jamás llegarán al año de vida, 30 no alcanzarán los 5 y
los que lleguen a sobrevivir, estarán condenados a una adolescencia o juventud sin oportunidades
como alimentarse correctamente, vestirse, educarse, tener esparcimiento y no tener que estar en la
calle jugados a la droga o a morir por un par de zapatillas". Más aún: De los 10 millones de niños
argentinos hasta 14 años, el 57 por ciento es pobre, y peor aún: el 25 por ciento es indigente.
Para no seguir, pues la lista de desgracias es amplia, recuérdese que la tasa de
desocupación en todo el país, según el Indec-ente, se ubicó en 8,8 por ciento al cierre del segundo
trimestre, lo que significa un incremento de 0,8 punto porcentual respecto de igual período del año
pasado. La desocupación, según el mismo Instituto subió a 10,6 por ciento y ello implica además que
si se computa como desempleados a quienes son beneficiarios de los planes sociales, la tasa de
desempleo sube enormemente. Pero esta es la visión oficial, la otra cara, la que parece más creíble
es que los porcentajes de desempleo son pavorosos y más de cuatro millones de personas, mucho más,
está condenada a la no dignificación por medio del trabajo.
En el medio de esta realidad, "los unos" lanzan al espacio las citadas frases
célebres, expresiones de una lucha sin cuartel y una mezquindad exuberante, mientras "los otros" se
contornean para salir de un lazo que los asfixia y los anula como seres humanos.