De lavar los taper en Coronda a manejar la barra brava de Newell’s Old Boys y sus negocios en el Fonavi de Lamadrid y Alice. Así de vertiginosa fue la vida, ascenso y abrupto final de Roberto Pimpi Camino.

De lavar los taper en Coronda a manejar la barra brava de Newell’s Old Boys y sus negocios en el Fonavi de Lamadrid y Alice. Así de vertiginosa fue la vida, ascenso y abrupto final de Roberto Pimpi Camino.
"Pimpi viene de Pimpollo. Así le decíamos en Coronda. Yo lo conozco de cuando lavaba los taper", contó Pedro Loco Demente Bismark, un ex jefe de la barra brava leprosa que confió el origen del sobrenombre de Camino en la época en que compartían la celda en Coronda, cuando Pimpi purgaba una condena por matar a su mujer.
Una vez libre Pimpi comenzó su vertiginosa carrera en la barra como lugarteniente del anterior jefe, Oscar Cacho Lucero. Lo hizo manejando a los pibes del barrio Grandoli y comenzó a crecer en la interna hasta que el 28 de abril de 2002, en una feroz batalla campal, venció a las huestes de Cacho con palos, trompadas y tiros en la popular baja del Hipódromo durante un partido contra Unión.
Pimpi no sólo era el jefe de la hinchada sino que además tejió una alianza estratégica con el ex presidente rojinegro Eduardo José López, a través de la cual Camino pasó a administrar una serie de negocios conexos con el fútbol como el alquiler del estadio cubierto del parque Independencia y las divisiones inferiores, y hasta se vinculó con la representación de jugadores a cambio de erigirse en la guardia pretoriana del máximo dirigente rojinegro.
Jalones de una guerra. La conducción de Pimpi en la barra estuvo jalonada por una serie de choques con la banda de Cacho Lucero, con la que se tirotearon el 16 de marzo de 2003 durante un asado con la barra de Independiente en el club Belgrano, de Italia y Rueda.
La guerra continuó en 2004 con el asesinato de Nazaret Melgarejo, de 31 años y madre de cuatro hijos, que era empleada en la granja que Cacho Lucero tenía en España al 6300, en Las Flores, una zona caliente donde sólo mandan Los Monos.
La interna también se cobró la vida del hincha Gonzalo Javier Ferraro, ocurrida durante un banderazo organizado por la barra brava en el estadio el 17 de febrero de 2005, en otro crimen que permanece impune. El 30 de junio de 2007 Pimpi fue baleado en un cantobar de Santa Fe y España, en otro hecho jamás esclarecido.
El 8 de septiembre de 2007 Marcelo Martín Coria, de 26 años y ladero de Pimpi, fue asesinado a balazos en un kiosco del Fonavi de Alice y Lamadrid, el búnker de los Camino. Allí el número uno de la barra lideraba un pequeño gran ejército de muchachos, comandados por lugartenientes y comunicados por Nextel, como el día que frustraron la primera marcha opositora contra el ex presidente López y corrieron a los hinchas rojinegros de la puerta de la Bolsa de Comercio, en pleno centro.
Pero Pimpi también había diversificado sus negocios, desde el control del club hasta la instalación de un cíber en su barrio, la compra de un caballo de carrera y departamentos en el macrocentro. Circulaba por las empobrecidas calles del barrio a bordo de un Peugeot 607 plateado de unos 25 mil dólares.
"Un día me llevó en el auto por su barrio porque tenía que hacerle un trabajo y a cada rato nos paraban muchachos y preguntaban si estaba todo bien", confió una fuente bajo estricta reserva de identidad.
Antes de las elecciones de diciembre de 2008, el actual jefe de la barra leprosa, Diego Panadero Ochoa, quien había juntado una gran cantidad de avales para la oposición, sufrió un atentado a balazos en la panadería de sus padres, que dejó cuadripléjico a su cuñado, Mariano Vaccaro, de 27 años, en Vera Mujica al 3800.
La madrugada siguiente al día en el que López perdió las elecciones, la barra pasó por el club con un semirremolque y se robó todo. A los pocos días el Panadero encontró a Alberto Tato Camino en la puerta del bar del Lago, frente a la cancha, y lo molió a trompadas. "Lo rompió todo", contaron testigos. Ese día Tato había ido al club a negociar en nombre del Pimpi con los nuevos dirigentes y lo sacaron "para que no lo maten".
La interna tuvo otro capítulo el 26 de enero de 2009 cuando Pimpi y sus seguidores coparon el club durante un reempadronamiento de socios, hecho por el que fue condenado a tres años de prisión en suspenso junto a sus hermanos.
El asesinato del hincha rojinegro Walter Gastón Cáceres, de 14 años, en una emboscada que tuvo por escenario un costado del bario Las Flores, cuando volvían de ver un partido contra Huracán, fue el último hecho grave que marcó la tumultuosa vida de Pimpi, un devoto del Gauchito Gil que tenía tatuada su imagen en el abdomen y al que le había levantado un santuario en su barrio.
Pimpi había construido una empresa poderosa, funcional a diversos sectores y a través de la cual hizo pingües negocios hasta que esa ingeniería comenzó a sumar demasiados enemigos entre la interna de la barra y la policial, que lo obligaron a cometer algunos errores y que ayer a la mañana terminaron abruptamente con la vida del jefe más poderoso de la barra brava de Newell's Old Boys.



Por Martín Stoianovich

