Hace más de 300 años, John Locke, filósofo inglés, escribía entre otras cosas lo siguiente: "En tal constante flujo andan las cosas del mundo que nada permanece por largo tiempo en igual estado. Así las gentes, las riquezas, el comercio, el poder, cambian sus estadías; poderosas ciudades florecientes vienen a derrocarse, puros rincones ya de abandono y desuso, mientras que otros parajes solitarios se truecan en henchidos países, con abundamiento de riquezas naturales. Pero las cosas no siempre parejo cambian, y el interés privado a menudo mantiene costumbres y privilegios cuando cesaron las razones de ellos; y con frecuencia acaece que en gobiernos donde parte del Legislativo consiste en representantes escogidos por el pueblo, con el curso del tiempo tal representación viene a muy desigual y desproporcionada a las razones porque fuera al principio establecida". Siendo así la vida de los pueblos y habiendo tantas razones para debatir estando informado de las mismas, me pregunto: ¿a qué viene el interés de los integrantes del gobierno argentino por ocultar constantemente información a la prensa y por atacarla toda vez que un micrófono se le acerca a su boca? ¿No ha sido acaso (el gobierno) elegido por el pueblo para velar por sus intereses y por el desarrollo del mismo? ¿Quedan dudas aún de que la libertad de expresión, de prensa y el derecho a la información de los ciudadanos son esenciales para la vida democrática y el bien común? ¿O hay gatos encerrados que a la administración pública no le conviene que salgan a la luz? Quienes nos gobiernan tienen que entender que con el debate sobre los aciertos y los errores se afirma la democracia y el bien común de los pueblos; que la libertad de opinión se asemeja a la paloma blanca, símbolo del bienestar y la paz, y que un pueblo que no tiene acceso a la información fidedigna, o que la recibe distorsionada, es un pueblo prisionero, irónicamente, de las autoridades que él mismo eligió para que lo gobernara.



































