Cómo mamá adoptiva y en defensa activa de los derechos de los niños institucionalizados que no sólo han sufrido el abandono de sus familias, sino lo más terrible de quienes tienen obligación de defenderlos, como jueces, secretarios, funcionarios, psicólogos y trabajadores sociales estatales, asistí el viernes en Capital Federal en el Anexo de la Cámara de Diputados a un debate sobre reformulación legal de la adopción. Fui con la esperanza de poder manifestar la situación que hoy atraviesa Rosario y toda la provincia con respecto a la temática de la adopción. Situación que es nefasta ya que las autoridades prefieren tener a los niños encerrados y presos de sus vínculos de origen, aunque estos tengan nula posibilidad de recuperación, y en donde la mayor parte de las veces les causan daños irreparables. Los niños terminan entrampados en un sistema que ni los revincula, ni les da el derecho a ser integrantes de una nueva familia. Así viven en instituciones en donde por más que sean excelentes y trabajen bien nunca les darán la categoría de niño, hijo, hermano, primo, una pertenencia a un grupo familiar que lo contenga, lo cuide, eduque, lo respete, pero por sobre todas las cosas lo ame. En dicho "debate", en donde no se dejó debatir a nadie, todos se explayaron denostando a la figura de la adopción como resultado de familias que deseaban que el Estado les provea de lo que ellas no podían tener. Una psicóloga nos tildó de narcisistas, que sólo veíamos a través de nuestra necesidad. La mayoría habló de los adoptantes como los apropiadores de los niños de la gente pobre y que no podíamos caer en la antinomia de "institucionalización versus adopción", y así siguieron las descalificaciones. A ellos les digo que sí, que prefiero la adopción a la institucionalización. Porque un niño institucionalizado sufre, no entiende por qué durante meses nadie lo visita, por qué él no pasea, ni va al cine de la mano de nadie, por qué no recibe un abrazo al irse a dormir, ni es arropado por nadie en una fría habitación de 30 camitas. Sabemos que no todos los niños institucionalizados están en condiciones de adopción, pero les pedimos al Estado nacional, provincial y municipal que revean sus políticas, que ayuden a las familias que no quieren desentenderse, que los apoyen y sostengan ese apoyo en el tiempo. Pero en los casos en donde ese vínculo se ha roto y es irreparable actúen de manera rápida para que los niños no sufran esa doble pérdida y no sufran daños irreparables. Los niños no son propiedad de sus padres. ¿Saben todos que con una visita al año se les traba su posibilidad de ser adoptado? ¿Ese es el concepto de maternidad que defienden los jueces?


























