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Las personas mayores

Cruel es la realidad de muchísimos ancianos que pudiendo vivir en sus hogares son depositados, por ausencia de sensibilidad humana y avaricia de sus familiares, en los hogares geriátricos.

Martes 18 de Febrero de 2014

Cruel es la realidad de muchísimos ancianos que pudiendo vivir en sus hogares son depositados, por ausencia de sensibilidad humana y avaricia de sus familiares, en los hogares geriátricos. El Poder Judicial, que debiera proteger los derechos de los ancianos, ausente. En la carrera de abogacía, ancianidad es una asignatura optativa; los abogados y jueces carecen del estudio y la capacidad de defender y dictaminar sentencias acordes. El Poder Legislativo también carece de conocimiento del tema, nunca crea ni legisla nuevas leyes que protejan los derechos de las personas mayores. Los médicos que ejercen la medicina desconocen los aspectos gerontológicos, la procuración de la felicidad en la vida de los ancianos, pues no lo poseen en sus currículas e intereses. El Estado municipal no tiene política de Estado para la tercera edad. La escuela de Gerontología está en un tercer piso, con un solo ascensor y cuando no funciona las personas mayores no tienen acceso. El Hogar de Ancianos Municipal, Grandoli 3450, sólo para 18 personas, lo ocupan 11, todos hombres (las mujeres no tienen acceso); sólo para los autoválidos (¿los dependientes son rechazados?), no hay director médico geriatra, enfermera, kinesiólogo, podólogo, nutricionista ni técnico en seguridad. O sea que no cumple con sus propias ordenanzas (8.875) ni con la ley provincial 9.847 que rigen estos establecimientos. Las auditorías que practican en los geriátricos no están motivadas en que los ancianos tengan una vida digna, placentera y feliz. Sus objetivos se reducen a redactar actas, clausurar, aplicar multas y cobrar. No hay políticas de ancianidad, el Estado las olvidó y se ausentó, la sociedad también.

Jaime Kolinski

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