Ahora que abril está preparando su cíclica retirada, pienso que el mes 4, en su primera semana, tiene dos fechas que llaman a un sentir diferente, a una conmemoración distinta: El 3 de abril remite a ese día de 1588, cuando el último adelantado del Río de la Plata, Juan Torres De Vera y Aragón, fundó el paraje San Juan de Vera de las siete corrientes. El conquistador español le puso ese nombre (que la practicidad redujo simplemente a Corrientes), debido a siete puntas de piedra o espigones que desde la costa de la actual capital correntina, se adentran en el Paraná allí, donde el río hace una curva buscando el sur. Y el 2 de abril, instituido en 1997 como Día del Veterano y Caídos en la Guerra de Malvinas, recuerda una de las fechas más tristes de nuestra historia, ya que el 2 de abril de 1982, comenzó la desgraciada aventura de intentar recuperar nuestras sureñas islas. La guerra de las Islas Malvinas, más allá del heroísmo de los combatientes de las tres fuerzas que lucharon en la desigual contienda, dejó una herida difícil de cerrar; al menos para la generación que vivió esos días. Y menos habrá de cerrarse, para los familiares y amigos de los soldados que fueron a ofrendar sus vidas en el frío y lejano territorio isleño. Juan Torres de Vera y Aragón; cuando fundó Corrientes en aquel otoño de 1588, no habrá imaginado que cuatro siglos después, hombres valerosos de esa región, de esa zona que él conoció a la vera del Paraná, iban a combatir (junto a otros hermanos del país), en islas distantes del Atlántico Sur: en Malvinas.

































