Se nos va el tiempo; se nos va la vida luchando por una posición superior; no por la posición misma, sino porque ella significa el bienestar mayor que ambicionamos para nuestra familia. La industria aplicada al confort de los hogares crea tentaciones permanentemente. Si accediéramos a todo lo que nos ofrece para facilitar las tareas cotidianas, tendríamos más tiempo libre; pero sabemos que no es así, porque para alcanzar esos niveles de vida debemos desvivirnos. Tendría que ser al revés, es decir, vivir para disfrutarlos. Además, ni aun trabajando todo el día puede lograrse en la mayoría de los casos una superior calidad de vida; que si exige gran esfuerzo; si hace que el matrimonio esté fuera del hogar la mayor parte del tiempo, se invalida y pasa a ser poco menos que un tormento en la existencia. Es que los valores económicos del confort superan a los de los sueldos, y plantean el desequilibrio y la paradoja: trabajamos más de lo recomendable para llegar a tener todo lo que la tecnología pone a nuestro servicio para vivir mejor, y vivimos peor; al borde del estrés, o directamente sumergido en él; con la pareja que apenas se ve un rato al final del día, cansada y a veces malhumorada; con los chicos que se quedan con los abuelos, con alguna señora o en una guardería; y ya sabemos que el tiempo que se deja de estar con los hijos no se recupera jamás. Esa es una de las imágenes tristes de este presente que, por añadidura, nos conduce a un incierto futuro... Claro que con la desocupación y las condiciones laborales y jubilatorias actuales, mucha gente está lejos de pensar en tener siquiera algo de lo que demanda un buen estándar; pero eso es tema para otro comentario. En definitiva, algunos pueden vivir con más comodidad, pero a cambio de tensiones, desencuentros, apremios y resignando momentos irrepetibles. ¿Es eso vivir con más felicidad? Creo que es hora de acostumbrarse a buscarla en las pequeñas cosas que en realidad son grandes... ¿Parece un consuelo? Tal vez lo sea; por suerte el deporte, la música, los pájaros, algunos paisajes... y los amigos todavía son accesibles; y como no tienen precio, no requieren tarjeta de crédito.


































