La figura del Loco de la Escopeta, el tirador serial que durante más de una
década tuvo a maltraer a la ciudad con ataques reiterados a colectivos, parece seguir como una
sombra a Lino Bertuzzi. El fletero de 56 años fue condenado por un único caso, un escopetazo que
rompió la ventanilla de un 107, y la Justicia no pudo probarle una conducta repetida. Pero cinco
años después pidió salir con libertad condicional de la cárcel de Piñero y el planteo se dilata,
supeditado al resultado de pericias psicológicas. Como si el fantasma del atacante serial y el
temor a su reaparición se hubieran colado en el debate.
Bertuzzi cuenta con comportamiento ejemplar y dos tercios de la pena cumplida.
Es decir, observa los requisitos formales para acceder al beneficio de la libertad condicional, que
pidió tres meses atrás. "Acá hay una cuestión política de fondo: las autoridades temen la
liberación de Bertuzzi. No porque sea el Loco de la Escopeta, sino porque tienen miedo de que
aparezca alguno que lo imite", dicen los abogados Adrián Ruiz y José Ferrara. Lo cierto es que el
asunto es un tema de sensible interés para el Poder Judicial y los ministerios de Seguridad y
Justicia de la provincia.
El debate tiene varias aristas. Por un lado, el fletero fue condenado por un
caso de una modalidad de ataque que se repitió más de 70 veces en Rosario desde 1992, que trepó en
agresividad y que incluso llegó a provocar la muerte de una nena de 13 años en abril de 2003.
Uno solo. Otro dato es que tras la detención de Lino y su hermano Alberto o
Pepo, bajo tratamiento psiquiátrico y declarado inimputable, sólo se produjo un ataque a un trole
en Mendoza al 7100. Fue en junio de 2005, a un mes de la detención de los hermanos, y luego no se
conocieron otros casos de disparos a colectivos del transporte urbano.
Pero, por otro lado, un aspecto esencial del análisis es que Lino no fue acusado
de ser un atacante serial. El juez de Sentencia Nº 2, Antonio Ramos, lo condenó por un único hecho
aislado y se ocupó de aclarar que "de manera alguna se debe pensar que se está en presencia de
autores seriales". A esto se suman otros factores: Bertuzzi cumple con los requisitos objetivos
para salir en libertad condicional (el tiempo en prisión y la buena conducta) y no se puede negar
ese beneficio en base a temores o sospechas.
Esas líneas atraviesan el debate sobre la salida de la cárcel de Lino Bertuzzi,
quien en enero cumplió los dos tercios de la condena que le habían impuesto en 2008. Entonces fue
sentenciado a 7 años de prisión como autor del disparo a un colectivo de la línea 107 en el
viaducto Avellaneda. Se consideró probado que, a las 16.45, disparó con una escopeta calibre 12.70
cuando conducía su camión Mercedes Benz rojo y blanco por la mano contraria. El tiro provocó el
estallido de un vidrio y lesiones a una pasajera. La causa ahora se discute en la Corte Suprema de
la Nación.
Preso desde 2005, Lino está alojado en una celda de la cárcel de Piñero en la
que llegó a compartir sus horas con Raúl Flores, el confeso asesino del sindicalista Abel Beroiz
que en marzo protagonizó una escandalosa fuga. Trabajó en la panadería del penal y, a disgusto con
esa tarea, pidió retomar la limpieza de los pabellones.
El 28 de septiembre fue declarado en condición legítima de obtener salidas
transitorias, pero se negó al beneficio. "El dice que es inocente y que saldrá cuando tenga amplia
libertad", aducen sus abogados. En enero, pidieron al juez de Instrucción en turno durante la feria
judicial, Luis María Caterina, que le otorgara la libertad condicional porque se cumplieron los dos
tercios de la pena. Adjuntaron informes penitenciarios de su conducta, ejemplar en los últimos
cuatro años.
El fiscal Ismael Mamfrín estuvo de acuerdo con las salidas, pero el juez quiso
que Lino fuera evaluado por una junta de psicólogos forenses antes de resolver. Así hubo varios
dictámenes contradictorios: uno que recomienda tratamiento psicológico, otro que se opone a la
salida de prisión y otro favorable (ver aparte). Ahora la jueza de Ejecución Penal Luciana
Prunotto, quien debe resolver el pedido, le dio intervención al psicólogo ad hoc de los juzgados de
Menores Jorge Degano. Cuando tenga ese dictamen en sus manos, luego de una nueva consulta a la
fiscal, resolverá.
"Le están negando la libertad a una persona cuando a todo el mundo en las mismas
condiciones se la conceden, y cuando el daño real por el que está detenido es un vidrio roto y
equimosis. Nadie pone en duda que un tratamiento psicológico puede ser de ayuda, pero condicionarlo
a una libertad está lejos de ser aceptable. Nos preguntamos si estas restricciones son tenidas en
cuenta para los demás internos", plantearon los abogados, en la antesala del trámite que resolverá
si Lino finalmente se libera, o no, de su sombra.