En la carta del señor Pedro Tavacca del pasado jueves, a quien conozco y respeto, se da por sentado la existencia de la reencarnación, como si fuera un hecho demostrado. En realidad, no hay nada de eso. Solo experiencias que apasionan por que nos daría una esperanza después de la muerte. En rigor, no hay nada. Por ejemplo, nadie puede explicar la explosión demográfica en el planeta, de uno cientos de habitantes pasamos a millones de personas. Y esas personas deberían tener almas. ¿De dónde salen? En respuesta a esta pregunta he escuchado las más insólitas, como por ejemplo que ellas vienen de otros planetas. En realidad lo cierto es que todas las experiencias se justifican en la cantidad de neuronas que el individuo logra poner en funcionamiento. Habitualmente desarrollamos nuestra vida con unas 4 mil, pero tenemos el potencial de usar millones. En esos casos, excepcionales, pueden aparecer la memoria genética y otros poderes que hoy no se le encuentran explicación. Debe haberla sin dudas, pero es como la tierra redonda de Colón. Se necesitó miles de años para corroborarla. Por ahora, lo único cierto es que vivimos y morimos. Hagamos mejor nuestra vida sin pensar que vendrán otras. Por si acaso.































