Fue una noche fría de un fin de domingo. Sin embargo unos sesenta autos y algunas personas más, en moto, en bici o caminando, se acercaron ayer al parque Scalabrini Ortiz, donde el 22º Festival Latinoamericano de Video montó una función de autocine. Y, como en viejos tiempos, hubo película y besos en pantalla gigante.
La proyección, abierta y gratuita, fue una de las actividades públicas del encuentro que comenzó el viernes y se extenderá hasta el próximo domingo.
A partir de las 19 y sobre el final de la avenida Mongsfeld comenzó la función de “El último autocine”, un largometraje brasilero del director Ibere Carvalho que se alzó con el primer premio del Festival de Punta del Este.
La película cuenta la historia de la familia dueña de un autocine de Brasilia, amenazado de muerte por el crecimiento de la actividad inmobiliaria.
La historia comienza cuando Marlonbrando, regresa a su ciudad natal para visitar a su madre, gravemente enferma. Una situación que desata una trama con tanto de nostalgia como de amor por el cine.
Al final de la calle que cruza el parque Scalabrini Ortiz, una pantalla de 12 por 8 metros reproducía las peripecias de los protagonistas para mantener con vida el negocio familiar.
Y alrededor de 60 coches, donde se cobijaban parejas, grupos de amigos y hasta familias enteras, participaban casi de la misma experiencia: ver cine sentados en el auto, “como entre el 90 y el 91 se hizo en Godoy y Circunvalación o como en la década del 60 se pudo ver cine en la vieja ciudad deportiva de Rosario Central”, recordó el secretario de Cultura municipal, Horacio Ríos.
Sin pochoclo. A diferencia de las costumbres que acompañan a los estrenos de los complejos multisalas, en la función no hubo pochoclo ni nachos. Sí rondas de mates y abrazos para entibiar la noche.
La película estaba subtitulada, pero el sonido original podía escucharse a través de una frecuencia especial que se sintonizaba en el 88.1 del estéreo de los automóviles.
“La idea es revivir la experiencia de ver cine de esta forma”, advirtió Mariana Sena, subdirectora del Centro Audiovisual Rosario, uno de los organizadores del Festival que este año no sólo creció en cantidad de becarios, alumnos de institutos y facultades de comunicación, y también de realizadores que presentan sus producciones en competencia.






























