Cuando leo en La Capital los distintos temas diarios y las cartas de los lectores, creo que las noticias y las discusiones de distintos temas están impregnados de tensión, incomprensión, odio, resentimiento y creo que todos los argentinos deberíamos hacer un parate y dar de nuevo. Creo, por los años que tengo, lo visto en el mundo, que aunque parezca soberbio, nuestro país es el mejor, pero dejamos mucho que desear con nuestro comportamiento. Estimo que si empezamos de a poco iríamos mejorando. Todos tenemos que aportar nuestra cuota de buena voluntad y tolerancia.Cuando leí que un matrimonio se separaba por sus discusiones sobre el gobierno me alarmé, porque no es el único caso. Entonces recordé a un autor argentino, si no me equivoco Marco Denevi, que había escrito un cuento sobre la hormiga. Cuenta que las hormigas habían descubierto un alimento fabuloso, hecho bajo tierra, que les permitía subsistir sin subir a la superficie, no era rico pero comestible. Taparon las entradas y las salidas por seguridad. Pasaron los años, y una hormiguita inquieta investigadora, descubrió una hendidura en el hormiguero, que daba a un jardín lleno de flores y plantas. Se comió todo lo que pudo y, enloquecida de contenta, entró al hormiguero y contó lo que vio, las flores, la luz, las hojas verdes. El resto de las hormigas no entendieron nada, ya que hacía años que vivían en la oscuridad. Creyeron que la hormiguita había perdido el juicio y la encerraron. Todo este relato nos acerca a razonar si no sería preferible no excluir a nadie, escuchar, abrir nuestros ojos y oídos, pensando que todos tenemos un poco de verdad y que para construir una comunidad sana y pujante necesitamos mucho amor y comprensión. Dios proteja a la República y a su pueblo.































