El grupo Brics, integrado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, comprende un 42% de la actual población mundial: India y China cuentan con más de 1.100 millones de habitantes cada una, mientras que Brasil y Rusia superan los 140 millones cada una. La superficie que ocupan estos países es de 38,5 millones de kilómetros cuadrados (25% del área global). Sus PIB crecen permanentemente. Poseen recursos naturales muy variados. Están penetrando activamente en el comercio mundial. Tras la Guerra Fría y a pesar de tener internamente diferencias ideológicas y carencias varias, estos países emergentes aplicaron reformas políticas, estratégicas o socioeconómicas de largo alcance, dedicando especial atención a la educación, optimizando las condiciones para atraer inversión extranjera genuina, reduciendo intereses bancarios, aflojando presiones impositivas, fomentando el consumo doméstico, mejorando la división de ingresos. Están asegurando el bienestar de sus pueblos como países independientes y como bloque. Hago un paralelo con la Argentina de hoy: tenemos millones de hectáreas aptas para labranza, muy buen recurso humano, riquezas naturales sobre y debajo de la tierra, contamos con microclimas permanentes, los recursos energéticos afloran fácilmente, la minería y extracción de metales preciosos están presentes en zonas específicas, hay vías marítimas, áreas boscosas, rutas para transporte. A pesar de todas estas bondades no podemos salir del pozo. Nos frena una moneda cada vez más devaluada con su consiguiente inflación, una fenomenal inacción gubernamental en todas las políticas de desarrollo, un nivel de corrupción pocas veces visto, un drenaje permanente de divisas, un reprochable intento oficial por apoderarse de la Justicia, un perdón incondicional para quienes obtuvieron riquezas sin justificarlas. Y los buenos están fatigados, según dijo acertadamente un ex director de la DGI. Dios nos proteja si la fatiga se prolonga mucho más.

































