Detrás de un joven profesional, de buen pasar económico, formación cristiana,
una novia comprometida y trabajo estable, había un verdadero monstruo. Esa parece ser la
descripción que le cabe a Julio Nicolás S., un técnico químico de 31 años que vive junto a su madre
en una coqueta casa de Capitán Bermúdez, está empleado en el área de calderas de una reconocida
empresa del cordón industrial y que fue detenido la noche del lunes acusado de una saga de ataques
sexuales en perjuicio de menores de edad y cometidos tanto en la zona donde vive como en la ciudad
de Rosario. Ante la policía, que le seguía los pasos a partir de cuatro denuncias, el muchacho
reconoció ser autor de al menos ocho violaciones y seis tentativas en los últimos doce meses,
aunque admitió que hace unos tres años que viene cometiendo sus aberraciones.
Según el comisario Sergio Di Franco, jefe de la Agrupación de Unidades
Especiales de la Unidad Regional XVII con asiento en San Lorenzo, a este hombre se lo buscaba a
partir de cuatro denuncias por hechos cometidos en Capitán Bermúdez y Fray Luis Beltrán. "Teníamos
su descripción física y los datos del auto en que se movilizaba para atacar a sus víctimas: un
Volkswagen Gol de dos puertas, color plateado y los números de la patente", dijo el pesquisa.
Ya en la Jefatura sanlorencina, Julio
Nicolás S. se quebró y empezó a contar sus andanzas del último año. Según los registros primarios
de la policía, el primero de los hechos ocurrió en marzo de 2008 y el último de la saga el pasado
viernes 15 de mayo. Así pudo comprobarse que en el último año habría sido autor de dos tentativas
de violación (una en Bermúdez y otra en Beltrán) y dos violaciones (en las mismas localidades)
además de un tercer hecho de abuso que no fue denunciado. También "confesó ser autor de cinco
vejaciones y al menos cuatro intentos en la ciudad de Rosario, aunque aclaró que su conducta data
de unos tres años atrás", recordó el jefe policial.
Engaños.
En tanto, a las adolescentes de
Rosario "las contactaba vía mail o chat ofreciéndoles trabajos en boliches o cíbers de los que
decía ser dueño y las citaba en algún bar de la ciudad donde tomaban algo. Después les ofrecía
llevarlas hasta su casa y ya arriba del auto desviaba su camino para terminar en algún lugar
alejado donde las sometía", contó Di Franco. Y agregó que, según relató el acusado, "en los últimos
hechos, para evitar que las chicas se resistieran, una vez en el auto las obligaba a sacarse la
ropa y de esa manera evitaba que pudieran escapar".
La perversión de Julio Nicolás S. no
concluía en la violación. El muchacho, además de robarles a sus víctimas las pocas pertenencias que
llevaban consigo (algo de dinero y los celulares), las filmaba con su teléfono celular y después
descargaba las imágenes en su computadora, que fue secuestrada por orden del juez de Instrucción
Eduardo Filocco. "Según la investigación, a una sóla de sus víctimas intentó extorsionarla con esas
imágenes, pero no por dinero sino para volver a encontrarse con ella y tener relaciones
consentidas", comentó Di Franco.
En la casa del muchacho, ubicada sobre calle Ecuador, en la
zona ribereña de Capitán Bermúdez, también fue secuestrado un cuaderno con prolijas anotaciones en
las que Julio Nicolás S. llevaba registro de las chicas abusadas y que ahora servirá de prueba en
su acusación.
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Acerca del modus operandi que utilizaba el imputado, Di
Franco dijo que actuaba de una manera en el cordón industrial y de otra en Rosario. "En la zona de
Bermúdez y Beltrán el muchacho salía a dar vueltas en su auto por la noche, cuando terminaba de
trabajar, y cuando detectaba a alguna jovencita en las paradas de colectivos se bajaba del vehículo
para preguntarle por alguna calle de la zona. Después las amenazaba con un arma blanca y las
obligaba a subir al Volkswagen para llevarlas a algún lugar descampado y allí violarlas a bordo del
vehículo. En el caso de que las chicas se resistieran las hacía bajar sin ejercer más violencia
física", dijo el investigador. Pero el encontrar a Julio Nicolás S. parece haber sido un hecho fortuito: "Alrededor de las
20 del lunes este muchacho llegó en el auto en cuestión a la estación de servicios YPF que se
levanta en al acceso sur a San Lorenzo. Dio la casualidad que allí había una patrulla policial
cargando nafta y que una de sus víctimas estaba en el minimarket. Cuando la chica lo vio, salió
corriendo y a los gritos alertó a los policías que lo apresaron sin que el hombre se resistiera",
relató Di Franco.